Huracán Lala: la tormenta que te recuerda que el control era una ilusión

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Huracán Lala: la tormenta que te recuerda que el control era una ilusión

Huracán Lala: la tormenta que te recuerda que el control era una ilusión

El huracán Lala avanza sobre Hawái con vientos y lluvias que paralizan una isla entera. Las alertas se multiplican, la gente evacúa, los noticieros muestran palmeras doblándose como fideos. Y vos, a miles de kilómetros, mirás la imagen y sentís un escalofrío que no sabés explicar. No es miedo al huracán. Es otra cosa.

Es el lado B de las catástrofes naturales: el espejo incómodo de que el control es una ilusión.

La promesa que te vendieron

Vivimos en una cultura que nos prometió control. Agenda, planificación, seguros, GPS, pronósticos con días de anticipación. Nos hicieron creer que con suficiente información y esfuerzo podíamos prever casi todo. Y de repente, un huracán de categoría 1, un terremoto en Colombia, una ola de calor, y la promesa se desmorona como arena.

No es casualidad que estas noticias nos movilicen tanto. Nos enfrentan a la verdad que más trabajo nos cuesta aceptar: no manejamos el clima, no manejamos la economía, no manejamos la vida. Solo manejamos —y a medias— nuestra respuesta.

La ansiedad de fondo: eco-ansiedad

Ese malestar difuso frente a los desastres naturales tiene nombre: eco-ansiedad. Es la angustia frente a la crisis climática y la imprevisibilidad de la naturaleza. Y está creciendo, sobre todo en los más jóvenes, que miran el futuro y ven un horizonte de tormentas, incendios y colapsos.

Pero acá viene la mirada transpersonal, la que nadie te da: la naturaleza no es tu enemiga, es tu espejo. Tu interior también tiene tormentas, también tiene terremotos, también se desborda. El huracán afuera te asusta porque te recuerda al huracán de adentro que no te permitís sentir.

El control no es malo: es una defensa. El problema es cuando necesitás controlar todo para no sentir nada.

Qué esconde tu necesidad de control

Detrás de cada persona que controla en exceso hay un miedo antiguo. Miedo a que si algo se sale del plan, todo se derrumbe. Miedo a no estar a la altura. Miedo a que te vean vulnerable. El controlador no es fuerte: es una persona que aprendió temprano que solo podía contar con sí misma.

Y el huracán, la tormenta, lo imprevisible, le recuerda lo que tanto evita: que hay fuerzas más grandes que su voluntad. Que rendirse, soltar, confiar, también es vivir.

De la ilusión del control a la flexibilidad

La madurez emocional no es controlar más. Es soltar mejor. La caña de bambú no resiste el viento: se dobla, y por eso sobrevive. El roble rígido es el primero en caer. ¿Cuál de los dos estás siendo vos?

  • Distingí lo controlable de lo que no. Hacé una lista. Te vas a sorprender de cuánta energía gastás en la columna equivocada.
  • Practicá el «no sé». Aprender a convivir con la incertidumbre es un músculo. Se entrena con pequeñas dosis diarias de soltar.
  • Sentí la tormenta interna. La emoción que no se siente se convierte en síntoma. Dale lugar, sin juzgarla, y va a pasar.
  • Anclate en el presente. El control vive en el futuro. La calma vive en el ahora. La respiración es tu puerto seguro.

Cuando el viento pasa, queda lo esencial

Los huracanes pasan. Siempre pasan. Dejan daños, sí, pero también dejan algo más: la claridad de lo que importa. Cuando te sacan todo lo accesorio, queda lo esencial: la gente, la vida, el ahora.

Quizás el huracán Lala, visto desde la otra orilla, sea una invitación silenciosa: soltá lo que no podés controlar y abrazá lo único que sí —tu manera de habitar la tormenta.

Si sentís que la necesidad de control te está costando el descanso, la paz o los vínculos, hay un camino para transitarlo. Te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio