El lado B del abucheo a Julián Álvarez: lo que la tribuna no soporta

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El lado B del abucheo a Julián Álvarez: lo que la tribuna no soporta

El lado B del abucheo a Julián Álvarez: lo que la tribuna no soporta

Julián Álvarez, uno de los pibes más queridos del fútbol argentino, escuchó silbidos desde la tribuna de su propio club, el Atlético de Madrid. La noticia corrió rápido: ¿cómo se abuchea a un tipo así? ¿Qué hizo para merecer eso?

La respuesta fácil es el fútbol: el rendimiento, los resultados, el pase que no salió. Pero yo no miro la cancha. Miro la tribuna. Porque un abucheo dice mucho más del que lo grita que del que lo recibe.

El otro como pantalla

En psicología se llama proyección: poner afuera lo que no toleramos adentro. El hincha que silba no le está silbando a Julián. Le está silbando a su propia frustración, a su propio miedo, a su propia sensación de no llegar.

El ídolo se convierte en la pantalla perfecta. Porque si yo deposito en el otro mi exigencia, mi bronca, mi decepción, me libero un rato de sentirlas mías. Es más fácil putear al de la cancha que mirar lo que me pasa a mí cuando las cosas no salen como esperaba.

Y esto no pasa solamente en el fútbol. Pasa en la pareja, en el trabajo, en la familia. Cada vez que alguien te enoja con una intensidad desproporcionada, hay una proyección en el medio. El otro no te hizo nada tan grave: te mostró algo que no querés ver en vos.

El peso de ser ídolo

Del otro lado está Julián. Y ahí hay otra lección enorme. Porque la vida del que está expuesto a la mirada de millones es una vida atada a la aprobación ajena.

Hoy te aplauden, mañana te silban. A veces en el mismo partido. Si tu valor depende de ese termómetro, estás condenado a vivir con fiebre: siempre un poco enfermo, siempre un poco asustado.

El ídolo que se sostiene solo en el aplauso se cae con el primer silbido. El que sabe quién es, más allá del resultado, puede atravesar la tormenta sin romperse. No digo que no duela. Duele. Pero una cosa es que duela y otra es que te defina.

Lo que la tribuna no soporta

¿Qué es lo que realmente no se soporta del abucheo? Lo que la tribuna no soporta es la imperfección. Porque el ídolo tendría que ser perfecto, incansable, infalible. Y cuando muestra lo contrario —que se cansa, que se equivoca, que es humano— nos recuerda que nosotros también lo somos.

Y eso, a veces, no se tolera.

Le exigimos al otro lo que no nos damos a nosotros mismos. Le pedimos al jugador que no falle como si nosotros no falláramos todos los días. El abucheo es, en el fondo, una confesión: «no me dejes ver que vos también podés caer, porque entonces yo también tengo que mirar mis propias caídas».

Bajarle el volumen a la tribuna interna

Todos llevamos una tribuna adentro. Esa voz que te exige, que te juzga, que te silba cuando no llegás. A veces esa voz no es tuya: es la del padre exigente, la de la maestra, la de una sociedad que mide todo en resultados.

  • Registrá esa voz. ¿Cuándo aparece? ¿Qué te dice? ¿Con qué tono?
  • Preguntate de quién es realmente esa voz. ¿Te suena a alguien?
  • Probá a responderte con la voz que te gustaría escuchar.
  • Separá tu valor de tu rendimiento. No sos tu último resultado.

El aplauso y el silbido son dos caras del mismo espejismo: creer que el valor viene de afuera. No viene. Se cultiva adentro, en silencio, todos los días.

El abucheo del otro te habla de él. Tu reacción al abucheo te habla de vos.

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