En la Argentina hay un debate que se repite en las redes y en los consultorios: desde la psicología tradicional se descarta a las terapias holísticas — constelaciones, tarot, reiki, regresiones — con un argumento que suena definitivo: **»esas terapias no están reglamentadas, no tienen respaldo, son peligrosas».** Se apela a la Ley Nacional 23.277, que reserva la atención psicológica a profesionales matriculados, y se advierte contra el intrusismo.
Y sin embargo, hay un dato incómodo que ese argumento no puede explicar: **la gente se va igual.**
No hablo de casos aislados. Hablo de una migración masiva, mundial, sostenida, que las propias instituciones internacionales ya no pueden ignorar. Vamos a los números — porque en esta discusión, los números son los que tienen la última palabra.
El argumento argentino se apoya en la idea de que lo holístico no tiene respaldo de la ciencia oficial. Pero la realidad se movió de lugar. La **Organización Mundial de la Salud**, el máximo organismo sanitario del planeta, reconoce de forma explícita y documentada que la medicina tradicional, complementaria e integrativa es un pilar real de la salud mundial. Según sus propios datos, **170 de los 194 países miembros reportan el uso de medicina tradicional**, y en regiones como África y el Sudeste Asiático una gran parte de la población la utiliza como primera línea de atención.
No son números de un blog esotérico. Son números de la OMS.
Y no se quedó en reconocerla: la OMS lanzó su **Estrategia Mundial sobre Medicina Tradicional, Complementaria e Integrativa 2025-2034**, con un objetivo explícito: *integrar estas prácticas a los sistemas nacionales de salud y regularlas con base en la evidencia*. Además creó el **Centro Mundial de Medicina Tradicional en la India** (2022) y lanzó en 2025 la **Biblioteca Global de Medicina Tradicional** para darles base científica.
Traducción: el organismo que representa a la ciencia oficial mundial **no está descartando lo holístico. Está diciendo: «esto existe, millones lo usan, intégrenlo y regúltenlo bien.»** El mundo avanzó. ¿El argumento de la «no reglamentación» argentina? Eso es un problema **local de vacío legal**, no una prueba de que las terapias no sirvan.
Mientras se discute si están reglamentadas, la gente ya decidió. El mercado global de medicina complementaria y alternativa está valuado en alrededor de **180.000 millones de dólares** (según estudios de mercado como Grand View Research y Research and Markets) y crece a doble dígito año tras año. Es un crecimiento que la salud convencional envidiaría.
En Estados Unidos, los datos de los organismos oficiales de salud (NIH/CDC) lo confirman:
No hay reglamentación que detenga una necesidad real. La gente no está esperando permiso: **está yendo.**
La otra cara de la moneda: no solo llegan a lo holístico — además **abandonan** lo tradicional. Y acá los números también son fríos:
¿Por qué se van? Los motivos que se repiten en todas las investigaciones:
**La terapia es larga y costosa.** Meses o años de sesiones, con un costo alto y sin una meta clara de cuándo se termina. La gente de hoy no tiene paciencia ni bolsillo para un proceso que no ve hacia dónde va.
**No ven progreso.** Hay un cansancio de «hablar y hablar» sin que nada cambie afuera. Se describe el problema mil veces y el síntoma sigue ahí. Lo que no se percibe como avance, se abandona.
**El vacío de sentido que el diagnóstico no nombra.** Este es el punto ciego más grande. La psicología clásica etiqueta: ansiedad, depresión, trastorno. Pero mucha gente no llega por un síntoma: llega por un **vacío**. Pregunta «¿para qué sigo?», «¿quién soy de verdad?». El diagnóstico no responde esa pregunta — y por eso la persona se levanta y sale a buscar afuera lo que adentro no le dieron.
**No se sienten vistos.** Pacientes que sienten que los tratan con técnica pero no los acompañan con presencia. Gente que abandona no por el método, sino porque no se sintió realmente mirada.
Que una práctica no esté reglamentada en la Argentina **no es prueba de que no funcione**. Es prueba de que la ley llegó tarde. La ley 23.277 se sancionó en 1985 — hace 40 años, cuando las constelaciones, el tarot convergente, la bioarquetipal ni existían como las conocemos hoy. El mundo de la salud mental cambió desde entonces, y la regulación no lo acompañó. Por eso hoy conviven en la Argentina hasta **35 tipos distintos de terapias complementarias** — es un dato reconocido incluso por los medios más tradicionales.
La pregunta real no es «¿están reglamentadas?» (no, y hace falta regularlas para proteger al público, de eso no hay duda). La pregunta es: **¿por qué la gente las elige a pesar de todo?**
Y la respuesta es una sola: **encuentran respuesta.** Encuentran que se las mira enteras — cuerpo, mente y espíritu —, que se les da un lugar al linaje y a la historia familiar, que se les devuelve un sentido que el diagnóstico solo no pudo darles. Por eso soportan el costo, por eso desafían la opinión del colegio profesional, por eso se van del sillón.
La gente no huye de la ciencia: huye de una mirada que la reduce. Y no es contra la psicología — es a favor de sentirse vistos. La psicología tradicional ayudó y ayuda a millones. Está claro. Pero dejó afuera una dimensión que hoy la humanidad reclama con derechos y con números: la dimensión del alma.
Una práctica puede no estar reglamentada hoy. Pero cuando la propia OMS impulsa una estrategia mundial para integrarla, cuando 170 de 194 países reportan su uso, cuando el mercado crece a doble dígito y millones abandonan una terapia porque no les da respuestas y encuentran en otra un alivio que no conseguían — el debate ya no es si «es válida».
El debate es: **si el sistema tradicional no está sabiendo escuchar lo que la gente está pidiendo.** Y eso no se resuelve descalificando al que se va. Se resuelve mirando por qué se va.
La regulación es necesaria y debe hacerse bien — para cuidar al público y distinguir al profesional serio del improvisado. Eso beneficia a todos, también a quienes trabajamos con responsabilidad y formación. Pero la regulación no puede tapar la demanda real. Ningún vacío legal explica que millones elijan un camino con su plata, su tiempo y su esperanza — por más que ese camino todavía no tenga firma del colegio.
*Nota de Marcela Almazán — más de 20 años de atención en consultorio, trabajando la arquitectura de identidad con arquetipos y la mirada sistémica integral.*