Clase media: la trampa de medir tu valor en pesos

Messi y el día que tengas que dejar de ser Messi
08/08/2026
La Mano de Dios, 10 millones de dólares y nuestra necesidad de creer
08/08/2026

Clase media: la trampa de medir tu valor en pesos

Clase media: la trampa de medir tu valor en pesos

Esta semana se conoció un dato que cayó como un baldazo de agua fría: una familia tipo en la Ciudad de Buenos Aires necesita más de $2.558.000 por mes para ser considerada clase media. La inflación de julio en CABA se aceleró al 2,9%. Los titulares hablan de números, de porcentajes, de canastas básicas. Pero hay un dato que no sale en ningún diario: el costo emocional de medir tu valor personal en pesos argentinos.

Y de eso es de lo que quiero hablar hoy.

La trampa del estatus

En el consultorio escucho esta frase todo el tiempo: «no llego». La dice el profesional que gana bien, la dice la emprendedora que factura todos los meses, la dice el jubilado que cobró toda la vida. No importa cuánto ganan: nunca alcanza.

¿Por qué? Porque la clase media no es solo un número. Es una identidad. Es una forma de mirarse al espejo y decir «estoy bien». Y cuando los números no cierran —porque con esta inflación no le cierran a nadie— lo que se resquebraja no es la billetera: es la autoestima.

La clase media argentina se autopercibe de una manera que los ingresos ya no sostienen. Hace unos años un informe mostraba que 29 millones de personas se identificaban como clase media, pero solo 20 millones lo eran por ingresos reales. Esa brecha de 9 millones de personas es una herida de identidad colectiva.

Valer vs. tener

Hay una confusión fundacional en nuestra cultura: creemos que lo que ganamos es lo que valemos. Y es mentira. Es una mentira tan vieja como el capitalismo, pero en Argentina —con su historia de vaivenes económicos, crisis cíclicas y tablitas cambiarias— esa mentira se volvió patología nacional.

Tu valor como persona no cotiza en bolsa. No se devalúa con el dólar. No depende del índice de precios al consumidor.

Pero vivimos como si sí. Y cuando el número no alcanza, aparece la vergüenza. La culpa. La sensación de estar fracasando en algo que ni siquiera debería ser un parámetro.

Desde la terapia transpersonal trabajamos con una premisa clave: vos no sos tu billetera. Tu esencia —eso que verdaderamente sos— no está atada al ingreso mensual, a la categoría de monotributo ni a la tarjeta de crédito que puedas o no pagar.

El estrés financiero como puerta de entrada

La inflación del 2,9% mensual no es solo noticia económica. Es noticia de salud mental. El estrés financiero crónico —ese que se vive en Argentina casi por default— genera ansiedad, insomnio, contracturas, irritabilidad, conflictos de pareja. Y lo peor: genera un estado de alerta permanente que te impide conectar con nada que no sea supervivencia.

Cuando estás todo el día haciendo números para llegar a fin de mes, no hay espacio para el disfrute, para la creatividad, para el vínculo genuino con los demás. La mente se achica. Se contrae. Se vuelve calculadora.

Y ahí está el verdadero costo: no es lo que perdés en plata, es lo que perdés en vida.

Salir de la matriz

Esto no es un llamado a negar la realidad. La plata importa. Las cuentas se pagan. La inflación existe. Pero hay una diferencia enorme entre ocuparse de la economía y definirse por ella.

En el espacio terapéutico trabajamos tres movimientos clave:

  • Desidentificación: aprender a observarte a vos mismo sin fusionarte con el número de tu cuenta bancaria. Sos mucho más que eso.
  • Recableado del valor propio: construir una noción de autoestima que no dependa del ingreso. Tus vínculos, tu sensibilidad, tu capacidad de amar, tu historia: nada de eso cotiza en el MERVAL.
  • Presencia: volver al presente. Porque la ansiedad financiera vive en el futuro —»¿qué va a pasar el mes que viene?»— y la depresión financiera vive en el pasado —»todo lo que perdí»—. El único lugar donde podés hacer algo es acá.

Una aclaración necesaria

Hay una diferencia entre el trabajo terapéutico que propongo y el discurso tóxico del «pensá en positivo y atraés abundancia». No es eso. De ninguna manera. La inflación es real, la precarización es real, la desigualdad es real. No se trata de negar la realidad material con frases de autoayuda.

Se trata de no perderte mientras atravesás la realidad material. Porque podés estar en un momento económico difícil sin convertirte vos en una persona difícil. Podés estar pasando una crisis sin volverte la crisis.

La clase media argentina es experta en resistir. En remarla. En inventar estrategias de supervivencia que en otros países serían impensables. Pero esa resiliencia no tendría que costarte el alma.

Si cada vez que mirás tu cuenta bancaria sentís que valés menos, hay algo que revisar. Y no es solo la economía.

El valor propio no se mide en pesos. Se recupera en sesión.

Reservá tu consulta →