Un terremoto en Colombia, otro en Granada, en España, en la misma semana. Los noticieros muestran las grietas en las paredes, los escombros en la calle, las cifras. Pero hay otra grieta que no sale en cámara: la que se abre por dentro de cada persona que siente que el piso que pisa no es tan firme como creía. Ese es el lado B de los temblores, y hoy quiero mirarlo con vos.
Porque un terremoto, además de un fenómeno geológico, es un recordatorio brutal de algo que preferimos olvidar: que la estabilidad es una ilusión. Que todo lo que damos por sentado —la casa, el trabajo, la salud, los afectos— se sostiene sobre una tierra que, literalmente, se puede mover.
Vivimos como si la vida nos debiera solidez. Construimos rutinas, planes, seguridades. Y de golpe tiembla la tierra y se nos cae el guion. No es solo el susto físico: es el derrumbe de una certeza interior. «Si el suelo puede moverse, entonces nada de lo que creía seguro está a salvo».
Desde la mirada transpersonal, ese momento de vértigo es sagrado, aunque duela. Porque ahí, cuando las certezas tiemblan, aparece la pregunta más profunda: ¿quién soy yo cuando se cae todo lo que me sostenía?
Muchas personas no necesitan un sismo para sentir que la tierra se les mueve. Una noticia, una separación, un diagnóstico, la pérdida de un ser querido: la vida está llena de pequeños terremotos que no salen en las noticias pero sacuden igual. Ansiedad, ataques de pánico, insomnio, ese vértigo sin causa aparente: son temblores internos.
El miedo al terremoto es, en el fondo, el miedo a lo incontrolable. Y lo incontrolable no está afuera: es la vida misma, que nunca se deja domar del todo.
Por eso el pánico nos visita cuando creemos que podemos controlarlo todo y la realidad nos muestra que no. El temblor externo es solo el espejo del temblor interno que ya vivía en nosotros.
Las tradiciones espirituales de todo el mundo lo dicen a su manera: la impermanencia es la gran maestra. Los terremotos, las tormentas, las crisis, no vienen a castigarnos: vienen a despertarnos. A sacudirnos el sueño de la falsa seguridad para que empecemos a vivir de verdad, con los ojos abiertos, valorando lo que hoy está.
La próxima vez que la tierra se mueva —afuera o adentro—, en lugar de solo temblar, preguntate: ¿qué me está queriendo despertar? ¿Qué certeza vieja se está cayendo para que pueda nacer algo nuevo?
Si sentís que tu piso interno se mueve, que la ansiedad o el miedo te sacuden más de lo que podés sostener, no lo atravieses en soledad. Acompañar esos temblores es mi trabajo y mi vocación. Te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio