Cuatro estados de Estados Unidos acaban de sentar a Meta en el banquillo con una acusación durísima: que Instagram y Facebook fueron diseñados a propósito para enganchar a los chicos. Y mientras todos discuten de algoritmos, multas y regulaciones, hay una pregunta que casi nadie se anima a hacer en voz alta: ¿qué está pasando adentro de esos pibes para que una pantalla les gane la partida a la vida real? Ese es el lado B, y hoy quiero mirarlo con vos.
Porque acá no se trata solo de una empresa codiciosa —que también—. Se trata de algo mucho más incómodo: de chicos que se refugian en el celular porque hay algo de la vida que les duele, les aburre o no los mira. Y de adultos que, sin darnos cuenta, hacemos exactamente lo mismo.
Ningún chico se vuelve adicto a una pantalla de un día para el otro por culpa del algoritmo. El algoritmo es poderoso, sí, pero entra por una puerta que ya estaba abierta. La adicción digital casi siempre es un síntoma, no una causa. Es la punta del iceberg de algo que pide ser visto.
Desde la mirada transpersonal, toda conducta compulsiva es una estrategia —fallida, pero estrategia al fin— de la psiquis para calmar una necesidad más profunda. El chico que no suelta el celular no está buscando un video: está buscando calma, pertenencia, reconocimiento o un escape de un malestar que todavía no sabe nombrar.
Te propongo un ejercicio honesto: ¿cuántas veces al día le pediste a tu hijo que «suelte el teléfono» mientras vos tenías el tuyo en la mano? ¿Cuántas veces la cena transcurre con cada uno mirando su propia pantalla? Los chicos no aprenden de lo que les decimos, aprenden de lo que somos.
Un chico no se desconecta de la pantalla si antes no hay algo más interesante a lo que conectarse. Y lo más interesante siempre es una mirada que lo vea de verdad.
Detrás de casi toda adicción digital en la infancia hay un vacío de presencia. No hablo de culpas: hablo de un mundo que corre, de padres agotados, de vidas fragmentadas. Pero si queremos que nuestros chicos suelten la pantalla, alguien tiene que volver a mirarlos primero.
Entendé algo importante: no se trata de demonizar la tecnología ni de volver a una era que ya no existe. Las pantallas llegaron para quedarse y, bien usadas, son herramientas maravillosas. Se trata de recuperar el equilibrio entre estar conectados al mundo y estar conectados a nosotros mismos y a los que amamos.
El juicio a Meta es necesario y va a marcar un antes y un después. Pero ninguna regulación, por más estricta que sea, va a reemplazar la mirada de un adulto presente. La verdadera regulación del algoritmo empieza adentro de cada casa, en la calidad de los vínculos que tejemos.
Si sentís que la pantalla se volvió un integrante más de tu mesa, que la distancia con tus hijos crece y no sabés cómo volver a encontrarlos, no lo vivas en soledad. A veces necesitamos ayuda para reconectar, y eso no es debilidad: es valentía. Te espero en el consultorio para mirarlo juntos: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio