Se habla de una posible visita del Papa León XIV a la Argentina, y ya se imaginan las multitudes, los actos masivos, el asueto. Las pantallas van a mostrar banderas, abrazos, lágrimas. Pero hay algo que las cámaras no van a captar: qué es lo que realmente busca esa gente que camina horas para ver pasar a un hombre de blanco. Ese es el lado B de la fe, y hoy quiero mirarlo con vos.
Porque la fe, vista desde afuera, parece una cuestión de doctrina, de iglesia, de normas. Pero vista desde adentro —desde la mirada transpersonal—, es algo mucho más hondo: la búsqueda de sentido, de pertenencia y de esperanza de un ser humano que no se resigna a vivir solo y sin rumbo.
¿Qué lleva a una persona a pararse horas bajo el sol, apretada entre desconocidos, para ver pasar una figura a lo lejos? No es solo devoción. Es algo más primario: la necesidad de sentirse parte de algo más grande. De dejar de ser, por un rato, una isla, y fundirse en un nosotros.
El ser humano no soporta la soledad de ser individuo todo el tiempo. Necesitamos trascendernos. Y las multitudes, las celebraciones colectivas, los rituales, son una de las formas más antiguas de lograrlo. Ahí, por un instante, el yo se disuelve y aparece el nosotros.
La fe no es creer en algo porque te lo contaron. La fe es la confianza profunda de que la vida tiene sentido, incluso cuando todavía no lo ves.
Vivimos tiempos difíciles. Dólar, incertidumbre, noticias que abruman. En ese contexto, una visita papal no es solo un evento religioso: es una bocanada de esperanza. La gente no va a ver al Papa: va a buscar un motivo para creer que todo puede estar bien.
Y ahí está el lado B: la esperanza no la trae nadie de afuera. La visita, el líder, el ritual, pueden encenderla, pero la llama vive adentro de cada uno. Si no, sería como pedirle a una vela ajena que ilumine tu casa para siempre.
Si el Papa viene, va a ser hermoso: multitudes, emoción, unión. Y si no viene, nada cambia en lo esencial. Porque lo que esa gente busca en la calle ya lo tiene adentro: la capacidad de esperar, de unirse, de confiar. La visita solo lo despierta.
No dejes tu fe en manos de lo que pasa afuera. Que la visita, la noticia, el ritual, sean una chispa. Pero la fogata que te sostiene los días grises, esa la encendés vos, todos los días, con pequeños gestos de confianza en la vida.
Si sentís que perdiste la fe, que la esperanza se te apagó o que la sed de sentido te desborda, no te quedes solo con la pregunta. A veces hace falta una mano para volver a encender la llama. Te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio