La tierra está hablando. Y esta semana no para.
Hoy, en Vaca Muerta, un operario perdió la vida y otro está grave tras una fuerte descompresión en una línea de gas de la planta separadora del bloque Rincón del Mangrullo, en Neuquén. Inicialmente se habló de una explosión; después se precisó que fue la presión contenida la que salió de golpe. Da igual cómo lo llamemos: la tierra de Vaca Muerta chisporroteó.
Y esto no viene solo. El mismo día ya habíamos leído sobre el vertedero de Campo de Mayo, señalado como el que más metano emite por hora del mundo. Antes, los temblores que sacudieron Centroamérica. La tierra está manifestándose en cadena — como un cuerpo entero quejándose de tantos puntos a la vez.
Después de más de 20 años de atención en consultorio, aprendí algo: cuando algo se repite en el territorio, no es azar. Es mensaje.
Vaca Muerta es tierra que se abrió para sacarle lo que guardaba adentro: gas, petróleo, energía que tardó millones de años en formarse. Y acá hay una contradicción que pocos quieren mirar: a un cuerpo no le podés extraer todo lo que tiene sin consecuencias. La tierra también se vacía, también se hiere, también sangra cuando la forzamos.
Hoy esa herida habló. La presión acumulada encontró su salida de golpe y se llevó una vida. No es técnica, es memoria: el territorio que se explota sin reconocimiento siempre termina avisando — con una fuga, con una descompresión, con un accidente. Primero se queja bajito; después, cuando nadie escucha, grita.
¿Qué nos muestra esto de nosotros mismos?
El territorio es un espejo. Si hay un lugar donde sacamos y sacamos y sacamos, sin devolver, sin honrar, sin medir el costo — ¿qué hay en tu vida donde hacés lo mismo? ¿De qué te estás extrayendo sin parar, hasta quedar vacía? ¿A quién le estás pidiendo que sostenga algo que ya no puede?
Vaca Muerta nos está preguntando a cada uno, directo: ¿de qué te estás dejando extraer la energía sin preguntarte qué queda después? El agotamiento que sentimos en el cuerpo de estos días no es solo cansancio: es presión contenida buscando salida. Es la mente y el alma intentando sostener una estructura que hace rato pide que la miremos.
Lo que se sana se devuelve, no se le pone encima. La tierra de Vaca Muerta no pide que dejemos de trabajar: pide que dejemos de explotar sin conciencia. Que honremos lo que nos da. Que reconozcamos el costo humano y territorial de cada extracción. Porque cuando un territorio es mirado con respeto, deja de gritar. La presión se vuelve respiración. Y la tierra, por fin, puede acompañarnos en lugar de cobrarse.