Algo raro pasa este invierno: el sol no aparece. Días nublados, húmedos, grises, uno atrás de otro. El Servicio Meteorológico confirmó lo que todos ya sentíamos en el cuerpo: hay muchísimos menos días de sol de lo esperado. Y el ánimo, como espejo, se nubló también.
Hay más malhumor, más cansancio, más ganas de quedarse en la cama. Y todos lo atribuyen a lo mismo: «es el clima». Tienen razón. Pero no toda la razón.
Es verdad que la falta de sol afecta. Hay un vínculo directo entre la luz y el estado de ánimo: menos luz, menos serotonina, más melancolía. No es debilidad ni excusa, es biología. Algunos lo llaman «trastorno afectivo estacional», y es más común de lo que creemos.
Pero yo quiero ir un poco más allá. Porque si tu bienestar depende únicamente de que afuera haya sol, estás en problemas: el sol se va, se nubla, se esconde. Y vos te vas con él.
Desde la terapia transpersonal hablamos de algo que los nubarrones no pueden tocar: tu sol interno. Esa fuente de luz que no viene de afuera sino de adentro. No se ve con los ojos, se siente con el alma. Y la buena noticia es que está en vos, siempre, aunque el cielo de afuera esté cerrado.
Y no lo digo en metáfora de autoayuda barata. Lo digo desde años de acompañar personas que, en plena tormenta, encontraron adentro una certeza que el clima no les podía sacar. El sol interno no es optimismo: es conexión con lo que realmente sos.
El problema es que la mayoría vive mirando hacia afuera esperando que el día le devuelva el ánimo. Y mientras tanto, el sol de adentro se apaga de a poco, sin que nadie lo atienda.
Los días grises tienen una particularidad: nos obligan a la introspección. Baja el ruido, baja la luz, baja el afuera, y lo que queda es lo que traemos adentro. Si adentro hay algo pendiente —un duelo, una tristeza guardada, un cansancio viejo— el gris lo despierta.
Por eso, a veces, no es el clima el que te bajonea: es el clima el que te muestra lo que ya venías tapando con actividad, con ruido, con apuro. El invierno gris es un espejo incómodo.
El gris, bien leído, es una oportunidad. Nos baja de la carrera y nos sienta con nosotros mismos. No es cómodo, lo sé. Pero hay respuestas que solo se escuchan en el silencio que deja la falta de sol.
Recordá que el sol de afuera no desapareció. Está ahí, detrás de las nubes, como siempre. Pasa que no lo vemos. Con el sol interno pasa exactamente igual: no se apagó, se nubló. Y las nubes, tarde o temprano, se corren.
Mientras tanto, no hace falta ver el sol para saber que está. Basta con encender, cada día, aunque sea una chispa adentro.
Que el cielo esté gris no significa que no haya sol. Afuera y adentro: las nubes siempre pasan.
Si sentís que este invierno te apagó más de la cuenta y querés reencontrarte con tu sol interno, te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio