De repente, todos los pibes hablan de lo mismo: «farmear aura». La idea es proyectar seguridad, estilo y carisma para sumar «puntos» de prestigio imaginarios, y ya se arman eventos y «batallas de farmear aura» en distintas localidades del país. Lo ves en TikTok, en la plaza, en el colegio. De afuera parece un juego inofensivo, casi gracioso.
Pero yo no miro la moda: miro lo que la moda esconde. Y lo que esconde es una pregunta que duele formular en voz alta: ¿cuánto de tu valor depende de que los otros te estén mirando?
En terapia transpersonal trabajamos con dos instancias que conviven en vos. El personaje es la máscara que te ponés para el mundo: el que la tiene clara, el que puede, el que no se quiebra. La persona es eso que sos cuando nadie te mira: tu esencia, tu ser real, lo que no se ensaya.
Farmear aura es, ni más ni menos, alimentar al personaje con combustible ajeno. Cuanto más brillás para afuera, más se achica lo que queda adentro. Porque la luz que pedís prestada a la mirada del otro no es luz: es reflejo. Y un reflejo se apaga apenas el otro se da vuelta y se va.
No te engañes: esto no es nuevo. Le cambiaron el nombre, le pusieron «puntos de aura», pero es la misma adicción de siempre: la necesidad de aprobación. El «me gusta» de antes, el aplauso de la tribuna, el «aura» de hoy. Todos funcionan igual: te dan un pico de dopamina y después te dejan con más hambre que antes.
Y acá viene el detalle que nadie cuenta: el aplauso no llena, agota. Porque sostener un personaje es un trabajo de tiempo completo. Hay que ensayar cada gesto, calcular cada palabra, controlar cada reacción. Vivir actuando cansa el alma, no el cuerpo. Y el cansancio del alma no se resuelve durmiendo.
El problema no es querer ser visto. Eso es humano. El problema es necesitar ser visto para sentir que existís. Ahí el personaje deja de ser un disfraz que te ponés y se convierte en una jaula que te encierra.
Hay que ser justos: estos pibes nacieron con una cámara en la mano. Crecieron entendiendo que existir es mostrarse, que lo que no se publica no pasa. No están locos ni vacíos: están respondiendo al guion que les enseñamos. El farmeo de aura es la versión adolescente de una lógica que nos atraviesa a todos.
Pero entender el origen no es quedarse ahí. Es el punto de partida para elegir otra cosa.
El que de verdad tiene presencia no necesita demostrarla. Entra a un lugar y no force, no actúa, no calcula. Está. Y eso se nota. Porque la presencia auténtica es exactamente lo contrario de la performance.
Si sentís que vivís actuando, empezá por acá:
La terapia no te va a dar más aura. Te va a ayudar a dejar de necesitarla. Y ese es el único «farmeo» que de verdad rinde.
No sos la imagen que proyectás. Sos eso que queda cuando por fin dejás de actuar.
Si querés empezar a soltar el personaje y encontrarte con vos, te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio