Hoy las jugueterías revientan, los juguetes se agotan y las redes se llenan de fotos de pibes sonriendo con el regalo del Día del Niño. Todo hermoso, ¿no? Pero hay una pregunta que nadie se hace en medio de la celebración: ¿y el niño que fuiste? ¿Alguien lo abraza hoy?
Mientras tanto, hay millones de adultos que van a comprar el regalo perfecto para un chico y, en el fondo, cargan con un nene interior al que nunca le dieron lo que de verdad necesitaba: mirada, permiso, ternura. Ese es el lado B del Día del Niño, y hoy quiero mirarlo con vos.
Desde la psicología transpersonal, el «niño interior» no es una metáfora de autoayuda para decorar la heladera. Es una parte viva de tu psiquismo: la que guarda cómo te sentiste, qué te dijeron, qué te callaste, qué necesitaste y no recibiste. Esa parte no desapareció cuando creciste. Se quedó adentro, esperando.
Y no habla con palabras. Habla con síntomas: esa reacción desmedida cuando alguien te ignora, el miedo al rechazo, la necesidad de aprobación, la dificultad para poner límites, el perfeccionismo que no te deja descansar. Ahí, detrás de cada una de esas conductas adultas, hay un niño pidiendo algo que nunca se atrevió a pedir.
El adulto que se enoja por tonterías, se esconde cuando lo miran o no soporta un «no», en realidad está reaccionando desde el niño herido que sigue adentro.
Pensá en tu infancia. No hace falta que haya pasado «algo grave» para que haya heridas. A veces alcanza con un «no llores», un «no seas maricón», un «¿por qué no sos como tu hermano?», un «acá no se habla de eso». Frases chicas, heridas grandes.
Muchos de nosotros aprendimos muy temprano a ser fuertes antes de tiempo, a portarnos bien para que nos quieran, a no molestar, a no necesitar. Y crecimos creyendo que eso era madurar. No era madurar: era sobrevivir.
El Día del Niño puede ser una fecha de consumo, o puede ser una invitación. Hoy tenés una excusa perfecta para volver a mirar a ese nene o nena que fuiste y preguntarle, por primera vez en serio: ¿qué necesitás?
Hay una verdad que se repite en mi consultorio desde hace más de quince años: cuando una persona hace las paces con su niño interior, cosas grandes se destraban. La pareja mejora, el cuerpo se relaja, el trabajo fluye, y deja de buscar afuera el amor que se le negó adentro.
Porque el nene que fuiste no desapareció. Está ahí, esperando que por fin alguien le dé bola. Y ese alguien, hoy, podés ser vos.
Si sentís que este Día del Niño te removió algo, quizás no sea casualidad. Te espero en el consultorio para acompañarte a reencontrarte con esa parte tuya que sigue pidiendo abrazo: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio