Solita y Mirtha internadas: el lado B de la fragilidad que no queremos mirar

Cómo sanar el duelo por muerte de un ser querido
08/09/2026
Los soldados judíos de Malvinas: la guerra paralela que casi nadie contó
08/09/2026

Solita y Mirtha internadas: el lado B de la fragilidad que no queremos mirar

Solita y Mirtha internadas: el lado B de la fragilidad que no queremos mirar

En un mismo fin de semana, dos reinas de la televisión argentina terminaron en una cama de sanatorio. Soledad Silveyra se cayó en su casa, se fisuró la cadera y estaba sola: tuvo que llamar a su hijo para pedir ayuda. Mirtha Legrand, a los 99 años, fue internada por un cuadro bronquial después de días de tos que no cedía. El país entero aguantó la respiración.

Los portales hablan de partes médicos y de altas. Yo, como terapeuta, miro otra cosa: el lado B. Lo que estas dos noticias nos muestran de nosotras mismas, sin que lo pidamos.

La caída de Solita: lo que una fisura de cadera cuenta

Solita estaba sola en su casa cuando se cayó. No es un detalle: es el símbolo. La mujer que durante décadas llenó la pantalla de energía, de risa, de personajes inolvidables, se encontró en el piso de su casa sin nadie al lado. Y tuvo que pedir ayuda. A su hijo. Por teléfono.

¿Cuántas veces te cuesta a vos pedir ayuda? ¿Cuántas veces «estás bien» por fuera mientras por dentro te caés? La caída de Solita es la caída de todas: la vulnerabilidad que nos da vergüenza mostrar, la soledad que no elegimos, el orgullo que nos deja tiradas en el piso de una vida que se nos fue de las manos.

Mirtha y el mito de la eternidad

Mirtha a los 99 es nuestra fantasía de inmortalidad. Si Mirtha sigue, nosotras podemos. Por eso su internación nos descolocó tanto: nos obliga a mirar lo que no queremos ver. El cuerpo tiene límites. La eternidad no existe. Incluso las divas tosen, se cansan y necesitan una habitación común de sanatorio.

No es morbo: es miedo. El miedo de que el espejo nos devuelva nuestra propia finitud. Y el amor de una generación que creció con su mesa los domingos.

Qué nos pasa cuando los íconos muestran su fragilidad

Los íconos cumplen una función invisible: nos prestan fortaleza. Los necesitamos enteros para no mirar nuestras propias grietas. Por eso, cuando un ídolo se enferma, se cae o envejece, algo se nos desordena por dentro. Aparece el duelo anticipado: lloramos por adelantado una pérdida que todavía no ocurrió.

«Lo que te conmueve del otro es siempre un espejo: si la fragilidad de Solita y Mirtha te angustió, mirá qué fragilidad propia estás escondiendo.»

Y también aparece la culpa del espectador: «¿por qué me angustia tanto alguien que no conozco?». Porque no llorás por ellas. Llorás por tu mamá, por tus años, por la certeza de que nadie se queda para siempre.

Del lado B a la vida real: tres cosas que podés hacer hoy

  • Llamá a esa persona que venís pateando. La que «el finde que viene» nunca llega. Que no te pase como a tantos: enterarte por un parte médico de lo que no supiste acompañar.
  • Pedí ayuda a tiempo. Solita esperó a estar en el piso. ¿Cuánto hace que vos estás en el piso y fingís que no? No es debilidad pedir: es amor propio.
  • Hacé las paces con tu finitud. No como resignación, como lucidez. Saber que esto termina es lo único que vuelve urgente lo importante: los vínculos, los abrazos, lo que amás.

Que se recuperen pronto, y que nos recuperemos nosotros

Le deseamos a Solita y a Mirtha una pronta recuperación, con el mismo cariño con el que ellas nos acompañaron toda la vida. Y de paso, honremos lo que vinieron a enseñarnos sin querer: la fragilidad no es el enemigo. Es la puerta de entrada a lo que de verdad importa.

Artículos relacionados

Si estas noticias te tocaron más de la cuenta, si apareció un duelo viejo, un miedo o una soledad que no sabías que estaba ahí, eso también merece atención. Podés trabajarlo en el consultorio, en un espacio pensado para acompañarte.