Reflexión de Marcela Almazán — más de 20 años de atención en consultorio
De vez en cuando se arma la misma discusión: alguien del ámbito tradicional sale a cuestionar a quienes trabajamos con terapias personales y holísticas, repitiendo que «en Argentina no están reglamentadas».
Es una conversación que merece plantearse con calma y con altura, porque carga con varios malentendidos. Hablemos del tema de fondo.
Que el Estado argentino no convalide formalmente ciertas disciplinas no significa ignorancia ni falta de rigor. Existen colegios privados, como el Colegio de Profesionales en Psicología Transpersonal, que nuclean a terapeutas holísticos que se forman y se afilian voluntariamente, cubriendo la formación, la ética y la práctica. Es un aval que existe, que es exigente y que mucha gente desconoce.
Detrás de cada terapeuta holístico hay años de estudio, evaluación y práctica en instituciones especializadas. Que el marco normativo local sea antiguo y no tipifique formalmente estas profesiones no borra el conocimiento adquirido ni la responsabilidad con la que se trabaja todos los días.
Las personas recurren a estos enfoques porque buscan una mirada integral que atienda dimensiones — espirituales, corporales, transgeneracionales — que la psicología académica muchas veces deja afuera o no sabe cómo abordar.
Y lo hacen libremente. Cuando hay demanda genuina, respuesta y resultados, la conversación no debería ser «quién tiene permiso», sino «cómo cuidamos que todos trabajemos con responsabilidad».
El desarrollo personal y el acompañamiento transpersonal se encuadran dentro del derecho privado, entre personas adultas que eligen libremente. No se diagnostican patologías psiquiátricas ni se prescriben fármacos. Se acompaña un proceso de autoconocimiento. Esa frontera clara es justamente lo que define un terreno propio, distinto y complementario.
Estados Unidos, Suiza, Alemania, Brasil, Colombia: países con sistemas de salud avanzados que integran o regulan las terapias complementarias. La propia OMS impulsa su incorporación. Argentina mantiene un modelo médico-hegemónico cerrado, donde a veces parece que importa más defender la corporación que el bienestar de quien consulta.
Y aquí va la pregunta incómoda: ¿qué le quita a un psicólogo licenciado que existan terapeutas holísticos serios y formados? Nada. Nadie le va a quitar su profesión ni su lugar. La mirada está puesta en el ojo ajeno, y detrás de eso hay, más que un debate científico, una cuestión de valoración y de miedo a compartir el espacio.
Todos ganamos cuando cada quien define con claridad qué hace y qué no hace. Las terapias holísticas trabajan con ética, con formación y con resultados, y eso no se reglamenta de afuera: se muestra todos los días.
Lo que se sana se devuelve, no se le pone encima.