Los medios anuncian que el príncipe Harry y Meghan planean volver a Reino Unido con sus hijos. Algunos hablan de reconciliación, otros de estrategia, otros de chisme de palacio. Pero hay una lectura más profunda que casi nadie está haciendo, y es la que a mí me interesa como terapeuta transpersonal: la del regreso al origen. Ese es el lado B.
Porque volver a casa es una de las historias más antiguas de la humanidad. Es el hijo pródigo, es Ulises volviendo a Ítaca, es el mito del héroe que cierra el círculo. Y también es tu historia.
Para poder ser quiénes somos, a veces necesitamos distancia. Harry y Meghan se fueron, pusieron un océano de por medio, marcaron un límite. Y desde la mirada terapéutica, eso no es capricho: es un movimiento sano de individuación.
Separarse de la familia de origen —real o simbólicamente— es parte del camino de madurar. No para romper el vínculo, sino para poder mirarlo sin quedar atrapado. Muchas personas vienen al consultorio con la culpa de «haberse ido», sin entender que irse era el único modo de encontrarse.
Acá está el giro que nadie te cuenta: volver no es una derrota ni una marcha atrás. Es un acto de madurez. Se vuelve distinto, con otra mirada, con otra conciencia. No se vuelve al mismo lugar, porque el que vuelve ya no es el mismo que se fue.
Regresar al origen no es desandar el camino: es integrarlo.
La reconciliación con la familia de origen es uno de los trabajos más profundos que podemos hacer. No siempre significa abrazarse y vivir felices para siempre. A veces significa poder estar en la misma habitación sin que el cuerpo se tense. A veces significa perdonar sin volver a exponerse. Y eso ya es un montón.
Detrás de cada conflicto familiar hay lealtades invisibles: mandatos, expectativas, roles asignados, secretos. Harry cargó con el peso de una corona, de una institución, de una madre que se fue demasiado pronto. Meghan, con el peso de encajar en un mundo que no la recibió del todo.
Cuando entendemos que detrás del enojo hay un niño que solo quería ser visto, el juicio se cae. Y aparece algo mucho más potente: la compasión.
No necesitás ser parte de la realeza para conocer este arquetipo. Tal vez te fuiste de tu ciudad, de tu casa, de una relación, de una versión vieja de vos. Y hay una parte tuya que todavía está esperando volver.
El regreso al origen es, en el fondo, un regreso a uno mismo. A lo que fuimos antes de las heridas, antes de los roles, antes de las expectativas ajenas.
Que Harry y Meghan vuelvan o no, es su historia. Pero su noticia es una excusa perfecta para que mires la tuya. ¿A qué casa —interior o exterior— necesitás volver vos?
Si este tema te tocó, si hay una raíz pendiente, un perdón atascado o una distancia que ya no sabés si duele o protege, te invito a trabajarlo. El regreso empieza con una conversación honesta con vos mismo: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio