El lado B del terremoto en Perú: la impermanencia que no queremos mirar

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El lado B del terremoto en Perú: la impermanencia que no queremos mirar

El lado B del terremoto en Perú: la impermanencia que no queremos mirar

Un sismo de 7.2 sacudió Perú y las alarmas sonaron en varias regiones. Las noticias hablan de magnitudes, epicentros y daños materiales. Pero hay algo que no aparece en los informes de los sismólogos y que a mí, como terapeuta transpersonal, me parece fundamental: lo que tiembla adentro de cada persona que lo vivió, y de cada persona que lo miró desde lejos. Ese es el lado B.

Porque un terremoto no es solo un evento geológico. Es un recordatorio brutal de una verdad que preferimos olvidar: nada es para siempre. Y esa sacudida, aunque sea ajena, nos toca a todos.

La impermanencia: la lección que la tierra nos da

La impermanencia es una de las leyes más antiguas de la existencia: todo cambia, todo pasa, nada permanece quieto. La tierra lo sabe desde hace millones de años. Nosotros, en cambio, construimos casas, rutinas, vínculos y planes como si fuéramos eternos.

Y entonces tiembla. Y en ese segundo, todas las certezas se suspenden. El piso que pisabas —literal y simbólico— deja de ser firme. Y aparece una pregunta incómoda: qué sostiene mi vida cuando se mueve lo que creía sólido.

El cuerpo guarda memoria de las sacudidas

No hace falta estar en el epicentro para que el cuerpo reaccione. Muchas personas, al ver las imágenes, sintieron un nudo en el estómago, taquicardia, insomnio o una angustia difusa que no sabían explicar. Eso tiene un nombre: resonancia.

Desde la mirada transpersonal, el cuerpo es un archivo. Guarda no solo tus propias experiencias, sino también las huellas de la memoria colectiva y familiar. Un terremoto ajeno puede activar temblores propios que tenías dormidos: una mudanza abrupta, una pérdida, un quiebre, una infancia inestable.

Los «terremotos internos» que no atendiste

Todos atravesamos movimientos sísmicos en la vida. No tienen epicentro geográfico, pero sacuden igual:

  • Una separación que te dejó sin piso.
  • Un diagnóstico que partió tu historia en dos.
  • Un despido, una mudanza forzada, una traición.
  • La pérdida de alguien que era tu ancla.

Cuando la tierra tiembla afuera, suele ser la excusa perfecta para que tiemblen de nuevo esas fisuras internas que no cerramos del todo. No es casualidad que te haya movilizado.

Reconstruir desde adentro

Después del sismo, lo primero que se revisa son los cimientos. ¿Cuándo fue la última vez que revisaste los tuyos?

La resiliencia no es aguantar sin caerse. Es saber caerse bien y volver a levantarse con conciencia. Las personas y los pueblos que se reconstruyen no son los que no sufrieron: son los que se animaron a mirar la grieta y habitarla.

Te propongo un ejercicio simple: esta noche, antes de dormir, preguntate qué es lo que hoy se movió en mí. Sin juzgar. Solo escuchá. La impermanencia, cuando se la abraza en vez de temerla, deja de ser una amenaza y se convierte en una maestra.

Para cerrar

La tierra va a seguir temblando, adentro y afuera. Lo que podemos transformar es nuestra relación con el movimiento. Dejar de resistirnos a los cambios y empezar a danzar con lo que se mueve. Ahí está la paz que el miedo no puede darte.

Si sentís que hay temblores internos pidiendo ser escuchados, te acompaño a mirarlos. No hace falta un sismo de 7.2 para empezar a construir cimientos más firmes: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio