Hoy el riesgo país volvió a subir y superó los 530 puntos. Los bonos caen, las tasas se disparan y en la tele discuten si es oportunidad de compra o señal de alerta. Mientras tanto, en las cocinas y en los grupos de WhatsApp, hay otra conversación que no sale en los diarios: cómo se hace para llegar a fin de mes sin que el alma haga cortocircuito. Ese es el lado B que quiero mirar con vos.
Porque podés leer los números, los DNU y las declaraciones minuto a minuto. Pero hay una economía más profunda que no cotiza en bolsa: la economía emocional. Y esa, te lo digo después de más de quince años acompañando personas, viene en rojo hace rato.
En Argentina la deuda ya no es solo un indicador macroeconómico. Es una experiencia cotidiana. Hay personas que se endeudan para comprar comida, para pagar la luz, para mandar a los chicos al colegio. Y cada vez que lo hacen, además de la cuota, cargan con algo que no figura en ningún resumen de tarjeta: culpa, vergüenza y la sensación de que no alcanzan.
Vos no sos tu deuda. Ese es el primer quiebre que necesitamos hacer. La mentalidad de escasez no nace con vos: se aprende, se hereda, se respira en una cultura que durante generaciones te repitió que la plata es un problema y que nunca alcanza.
Desde la mirada transpersonal, la escasez no es un dato de la realidad. Es un velo. Esa voz que te dice «no te alcanza», «no te lo merecés», «mirá que viene la crisis», es una creencia instalada en tu campo energético, muchas veces heredada de abuelos y padres que vivieron pérdidas reales.
Lo que nos pasa con la plata es un espejo de lo que nos pasa con el amor, con la confianza y con el permiso de ocupar espacio en el mundo. Si te sentís en falta todo el tiempo, la vida te lo va a devolver en forma de cuentas que no cierran.
Si te reconociste en alguna, no es un diagnóstico para asustarte: es una puerta. La ansiedad financiera no es un problema de plata, es un problema de confianza en la vida.
El riesgo país mide cuánto le creen al país. Tu ansiedad mide cuánto te creés vos.
Cuando el entorno se sacude, lo más tentador es apretar, cerrar, esconder. Pero la conciencia no se contrae: se expande. En lugar de preguntarte «¿cómo llego?», preguntate qué te está pidiendo esta incomodidad que mires.
Trabajar la escasez no significa negar la realidad ni dejar de ocuparte de tus cuentas. Significa cambiar la postura interna: pasar de víctima de la economía a co-creador de tu propia abundancia. Y eso empieza por gestos chicos: agradecer lo que ya tenés, ordenar tu vínculo con lo material, pedir lo que necesitás sin culpa.
La economía se va a mover, los números van a subir y bajar, los titulares van a seguir gritando. Vos tenés una elección todos los días: dejar que el afuera te gobierne o volver a tu centro. La paz no cotiza en bolsa, pero es el mejor activo que podés construir.
Si esto resonó en vos y querés mirar de frente tu vínculo con la escasez y la ansiedad, te espero en el consultorio. Vamos a trabajarlo juntos, sin juicios, con herramientas concretas y mucha honestidad: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio