Mundial 2026: el trance que nadie quiere nombrar

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Mundial 2026: el trance que nadie quiere nombrar

Mundial 2026: el trance que nadie quiere nombrar

No es solo fútbol. Hace rato que dejó de serlo.

Cuando la Selección Argentina entra a la cancha, algo pasa en el cuerpo de millones de personas que no se explica con análisis táctico ni con estadísticas. El corazón se acelera sin que nadie corra. Las manos sudan en reposo. La respiración se corta antes de un penal que ni siquiera estás pateando vos. ¿Qué es eso?

Eso tiene nombre, aunque nos cueste llamarlo por lo que es: trance colectivo.

Durante más de quince años acompañé procesos terapéuticos donde exploramos estados expandidos de conciencia, y te digo algo que quizás te incomode: un partido de Argentina en el Mundial produce una alteración del estado de conciencia tan potente como muchas prácticas contemplativas. La diferencia es que acá no hay guía, no hay integración, y cuando termina el partido cada cual vuelve a su vida como puede.

Lo que le pasa a tu cerebro cuando juega Argentina

Neurocientíficamente está estudiado: durante eventos de alta carga emocional compartida, el cerebro libera una cascada de dopamina, oxitocina y adrenalina. Se inhibe parcialmente la corteza prefrontal —la parte que regula el juicio crítico, la planificación y el autocontrol— y se activa con fuerza el sistema límbico. Dicho en criollo: pensás menos y sentís más.

Es exactamente lo mismo que ocurre en estados meditativos profundos, en rituales con tambores, en ceremonias con plantas sagradas. La fusión con el grupo diluye temporalmente los límites del yo individual. Por eso gritás un gol como si lo hubieras hecho vos. Porque durante esos segundos, realmente sentís que lo hiciste vos.

No es metáfora. Es fenomenología pura.

La otra cara de la medalla

Ahora bien, ¿qué pasa cuando ese trance no se integra?

Un estado expandido sin procesamiento se convierte en resaca emocional. La derrota deja una tristeza desproporcionada que no se condice con «es solo un partido». Porque no es solo un partido. Es una experiencia psíquica intensa que quedó abierta, sin cierre, sin elaboración. Y del otro lado, la euforia de la victoria también tiene su costo: después de semejante pico dopaminérgico, la vuelta a la rutina puede sentirse como un vacío inexplicable.

La pasión argentina por el fútbol es hermosa y genuina. Pero hay una diferencia enorme entre disfrutar el ritual y quedar atrapado en el trance sin saber que estás en uno.

Cómo vivir el Mundial sin perderte en el viaje

No te estoy diciendo que no mires los partidos. Todo lo contrario. Te propongo que los mires con más presencia, no con menos intensidad.

Algunas claves que trabajo en consultorio:

  • Registrá tu cuerpo antes del partido. ¿Cómo está tu respiración? ¿Hay tensión en el cuello, en la mandíbula? Eso ya es anticipación somática.
  • Observá la ola sin ahogarte en ella. Podés gritar, saltar, emocionarte. Pero de vez en cuando volvé a tu respiración. Un segundo de consciencia en el medio del trance cambia todo.
  • El post-partido importa más que el partido. Cuando termine, no pases de golpe a la siguiente cosa. Date cinco minutos para sentir lo que quedó. ¿Alegría? ¿Frustración? ¿Ansiedad? Dejalo estar sin juzgarlo.
  • Preguntate de quién es la emoción. Muchas veces cargamos con la angustia de un familiar que ya no está, con la ilusión de un padre que soñaba ver a Argentina campeón. Eso también es transgeneracional.

El ritual sagrado que escondemos en la tribuna

Las culturas ancestrales entendían algo que nosotros olvidamos: la necesidad humana de lo colectivo. De vibrar juntos. De sentir que pertenecemos a algo más grande que nuestro pequeño yo.

El fútbol —y especialmente la Selección en Argentina— vino a ocupar ese vacío ritual que dejó la modernidad. No es casualidad: necesitamos el éxtasis compartido, necesitamos el canto unísono, necesitamos llorar y reír con otros. Lo que pasa es que lo hacemos sin mapa.

Este Mundial 2026, animate a vivirlo con los ojos abiertos. Con la piel y con la consciencia. Que el fútbol sea vehículo, no anestesia.

Porque cuando entendés lo que te pasa mientras mirás un partido, empezás a entender muchas otras cosas de tu vida. Y eso, te lo aseguro, vale más que cualquier copa.

Agendá tu consulta conmigo y trabajemos juntos eso que el Mundial te está mostrando.