Las expectativas de inflación para los próximos 12 meses treparon al 36% según la última medición. En el Gran Buenos Aires, casi 44%. Los titulares son un termómetro de angustia colectiva. Pero acá viene la pregunta incómoda: ¿qué te está haciendo ese número en la cabeza?
Porque una cosa es la inflación real —la de los precios que suben— y otra muy distinta es la inflación imaginada, la que vivís todos los días como amenaza futura. Esa segunda inflación es la que te destruye. Y no está en ningún índice del INDEC.
Vamos al hueso.
Hay un mecanismo psicológico brutal operando en este momento: la hipervigilancia anticipatoria. Tu cerebro, entrenado en años de crisis, aprendió a vivir en estado de alerta permanente. Escanea el entorno buscando señales de peligro financiero cada minuto del día. Y como todo buen buscador, encuentra lo que busca.
Leés la noticia del 36%. Tu mente ya está en agosto de 2027 calculando cuánto va a salir el alquiler. Y sufrís hoy por algo que no pasó, que quizás no pase como lo estás imaginando, o que cuando pase vas a estar en otra posición para enfrentarlo. Pero el sufrimiento ya está acá. Ya lo pagaste.
Eso es la inflación fantasma: pagás el costo emocional de un futuro que no existe.
Vivir en estado de alerta económica crónica tiene consecuencias concretas:
El miedo al futuro es el impuesto más alto que vas a pagar en tu vida. Y no lo cobra el gobierno. Lo cobra tu mente.
En consultorio suelo preguntar: ¿quién serías si no supieras cuánto sale nada?
La pregunta no es ingenua. Es un portal. Porque debajo del personaje que mira precios todo el día hay alguien más vasto, más libre, más creativo. Alguien que existía antes del primer dólar blue y va a seguir existiendo cuando la economía se estabilice.
No te estoy proponiendo que niegues la realidad. Te estoy invitando a que dejes de adelantar un sufrimiento que todavía no llegó. Porque si llega, lo vas a enfrentar. Y si no llega, habrás gastado meses de vida en una película de terror que solo pasaba en tu cabeza.
La inflación proyectada al 36% es un número. Tu paz no se mide en porcentajes.
Si sentís que la angustia económica te está consumiendo y necesitás un espacio para reordenarte, reservá tu sesión acá. Hay otra manera de estar en el mundo. Y empieza por adentro.