El lado B de la guerra: cuando el mundo tiembla, tiembla algo adentro tuyo

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El lado B de la guerra: cuando el mundo tiembla, tiembla algo adentro tuyo

El lado B de la guerra: cuando el mundo tiembla, tiembla algo adentro tuyo

Estados Unidos publica un mapa del Estrecho de Ormuz como si fuera territorio propio. Israel bombardea una base en Siria. Irán amenaza con una «guerra económica» y el mundo entero contiene la respiración. Las noticias hablan de fronteras, armas y sanciones, pero hay algo que casi nadie dice: que mientras el mundo tiembla afuera, a muchos les tiembla algo adentro. Ese es el lado B, y hoy quiero mirarlo con vos.

Porque la ansiedad por la guerra no aparece solo en los que están en el frente. Aparece acá, en la otra punta del mapa, en personas que no pueden dormir, que miran el celular a cada rato, que sienten un nudo en el pecho sin saber bien por qué. Esa angustia no es exageración: es real, y merece ser escuchada.

El miedo que no es solo por el mundo

Cuando el mundo se vuelve incierto, nos conecta con una incertidumbre mucho más antigua: la de no tener control. Y el ser humano tolera muy mal la falta de control. La guerra, la pandemia, la crisis, funcionan como espejos que nos devuelven una verdad incómoda: no podemos garantizar nada. Ni el mañana, ni la seguridad, ni la vida de los que amamos.

Desde la mirada transpersonal, la angustia colectiva es una invitación. No es un error del sistema: es una alarma que nos avisa que hay algo pendiente de sanar. El miedo a la guerra muchas veces es el disfraz de miedos más íntimos: el miedo a la pérdida, a la soledad, a la muerte, a la falta de sentido.

Las fronteras que nos inventamos

Hay algo fascinante en esta obsesión por los mapas y los territorios. Trazamos líneas imaginarias sobre la tierra y después morimos defendiéndolas. La mirada transpersonal nos recuerda que esas fronteras son una construcción de la mente: la Tierra no tiene fronteras, las dibujamos nosotros.

La guerra más dura no se libra entre países: se libra entre lo que sos y lo que creés que tenés que ser. Esa frontera interior es la que más sangre derrama.

El enemigo exterior suele ser una proyección del enemigo interior. Cuando una sociedad no puede mirar su propia sombra —su avaricia, su miedo, su soberbia— la proyecta afuera y la convierte en un otro al que hay que vencer. Por eso las guerras no se terminan con más armas: se terminan cuando dejamos de necesitar un enemigo.

Qué hacer con la ansiedad por la guerra

  • Nombrá lo que sentís. «Tengo miedo» es más poderoso que «estoy al tanto de las noticias». El miedo no desaparece por negarlo, se desinfla al nombrarlo.
  • Regulá tu consumo de noticias. Informarte está bien; intoxicarte, no. Dos momentos al día alcanzan. El resto es alimentar la angustia.
  • Volvé a lo que sí podés controlar. No podés frenar una guerra, pero sí podés respirar, cuidar tu casa, abrazar a los tuyos, hacer tu trabajo con amor. El control empieza por lo pequeño.
  • Mirá qué espejo te muestra el mundo. Si la guerra te angustia tanto, preguntate: ¿qué conflicto sin resolver hay adentro mío? El mundo exterior suele ser un reflejo del interior.
  • Conectá con algo más grande. La meditación, la naturaleza, la oración, el arte. Todo lo que te recuerde que hay algo más allá del noticiero te devuelve la calma.

La paz empieza adentro

No voy a decirte que no pase nada, porque pasan cosas. Pero sí te digo esto: tu paz interior no puede depender del diario. Si tu calma está condicionada a que el mundo esté en calma, vas a vivir en estado de alerta permanente, porque el mundo nunca va a estar del todo en calma.

La paz no es la ausencia de conflicto: es la capacidad de mantenerte entero en medio del conflicto. Y eso se entrena. Se entrena respirando, soltando el control, mirando tus propios miedos de frente y eligiendo, cada día, no ser un soldado más en la guerra contra vos mismo.

Si la tensión del mundo te está pesando, si no podés dormir, si sentís que la angustia te desborda, no lo vivas en soledad. A veces necesitamos ayuda para encontrar la calma en medio de la tormenta. Te espero en el consultorio para mirarlo juntos: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio