Agosto arrancó con la lista de siempre. Alquileres que aumentan hasta un treinta y seis por ciento interanual. Tarifas de agua, gas y transporte que se actualizan. El boca a boca del almacenero que ya te avisó que la semana que viene hay remarcación. Y vos, tratando de hacer malabares con los mismos números de siempre.
Los economistas ya dieron su análisis. Los portales ya publicaron sus tablas comparativas. Pero como te imaginarás, yo no vengo a hablarte de porcentajes. Vengo a hablarte de lo que esos porcentajes te están haciendo por dentro.
Hay un costo de la inflación que no aparece en ningún índice. No lo mide el IPC, no lo calcula el INDEC, no lo refleja ninguna consultora. Es el costo sobre tu salud mental.
En el consultorio lo escucho todas las semanas. «No estoy durmiendo bien, Marcela.» «Ando con una irritabilidad que no me reconozco.» «Me despierto a las cuatro de la mañana y ya estoy haciendo cuentas.» Eso no es solamente preocupación. Eso es el sistema nervioso en estado de alerta permanente.
Cuando el contexto económico es imprevisible, tu cerebro activa el mismo mecanismo de supervivencia que usaban tus antepasados frente a un depredador. La diferencia es que el depredador de ellos duraba unos minutos. La amenaza económica no se va mañana.
El modo supervivencia —ese estado de hiperalerta constante— tiene consecuencias concretas. Sube el cortisol, baja la calidad del sueño, se debilita el sistema inmune, se contraen los vínculos. Empezás a ver el mundo en blanco y negro. A tomar decisiones desde el miedo y no desde el deseo.
Y lo peor: te vas convenciendo de que así es la vida. Que estar permanentemente tenso es lo normal. Que la tranquilidad es un lujo que no te podés permitir.
No es normal. No es sano. Y no tiene por qué ser así.
La terapia transpersonal no te va a decir que ignores la realidad económica. No es magia, no es «decretalo y el universo te lo trae». Pero sí te ofrece algo que la economía no te puede dar: una perspectiva más amplia de quién sos.
Vos no sos tu cuenta bancaria. Vos no sos tu contrato de alquiler. Vos no sos la suma de tus facturas. Sos una conciencia que está teniendo una experiencia humana —compleja, difícil a veces— pero que no se reduce a eso.
Esto no paga las cuentas, lo sé. Pero cambia la manera en que las enfrentás. Y ese cambio —creeme— no es menor.
Te comparto tres recursos que trabajo en el consultorio y que podés aplicar desde hoy:
Argentina tiene una relación particular con la economía. No vine a descubrir América. Pero sí vine a recordarte que la estabilidad externa no siempre está garantizada —y que por eso mismo necesitás construir una estabilidad interna que no dependa de lo que pase con el dólar.
Eso es trabajo terapéutico. Eso es autoconocimiento. Eso es lo transpersonal: entender que hay algo en vos que permanece, incluso cuando todo lo demás se tambalea.
Agosto va a ser un mes difícil para muchos. No te miento. Pero también puede ser el mes en que decidas que tu paz mental no cotiza en bolsa. Que vale más que cualquier tarifazo. Que la cuidás como lo que es: tu recurso más valioso.
Si sentís que la presión económica te está desbordando, hablalo. No te lo guardes. Podés pedir una sesión en https://www.terapiasmarcela.com/consultorio. Porque hay facturas que se pagan con plata, y hay otras que se pagan con salud. Y las segundas son mucho más caras.