La Organización Meteorológica Mundial acaba de advertir que El Niño se va a intensificar entre agosto y octubre de este año. Temperaturas por encima de lo habitual, cambios bruscos en las lluvias, eventos climáticos inusuales. Los noticieros ya están hablando. Los meteorólogos también. Pero hay una conversación que, como siempre, está faltando.
¿Qué le hace este fenómeno a tu salud mental?
No es una pregunta menor. Y sin embargo, casi nadie la está haciendo.
La eco-ansiedad no es un invento new age. Es un cuadro clínico reconocido: angustia difusa, sensación de impotencia, temor al futuro, desesperanza aprendida, todo vinculado al deterioro del medio ambiente. Y cuando un fenómeno como El Niño se anuncia con bombos y platillos, ese malestar se amplifica.
En el consultorio lo vengo notando. Pacientes que llegan con una inquietud que no pueden nombrar del todo. «No sé qué me pasa, estoy rara». Y cuando rascamos un poco, aparece: el calor insoportable, las noticias, esa sensación de que el planeta se está yendo al demonio y no hay nada que podamos hacer.
El problema no es el miedo. El problema es no hablarlo.
La terapia transpersonal tiene una premisa central que acá cobra todo el sentido: no hay separación real entre lo que llamamos «yo» y lo que llamamos «mundo». Somos parte del ecosistema. Lo que le pasa al planeta nos pasa a nosotros. No es una metáfora, es una realidad psíquica y energética.
Cuando El Niño se intensifica, cuando los patrones naturales se desordenan, nuestro sistema nervioso —que evolucionó durante milenios en sincronía con esos mismos patrones— registra el desorden. Aunque no tengas ni idea de meteorología, tu cuerpo sabe que algo está fuera de lugar.
Esa sensación rara que tenés algunos días, ese vacío en el pecho, esa irritabilidad sin motivo aparente, esa dificultad para concentrarte… tal vez no sea solamente «estrés». Tal vez sea que estás conectado con un planeta que está sufriendo.
Acá quiero hacer una pausa y proponerte algo distinto.
Todo evento externo —incluso uno climático— puede ser leído como un espejo. El Niño representa la intensificación, el desborde, la ruptura de los equilibrios previos. Y si miramos para adentro: ¿cuántas veces sentiste que algo en vos se intensifica sin control? ¿Cuántas veces tus propios «patrones internos» se desordenan?
No estoy diciendo que El Niño sea una metáfora. Es real, es científico, es medible. Pero también es una invitación a preguntarnos: ¿cómo gestiono yo mis propias tormentas interiores? ¿Tengo herramientas para cuando todo se intensifica?
No te voy a dejar con la angustia a cuestas. Te comparto tres cosas que podés hacer desde hoy:
Una cosa es lo que pasa afuera. Otra cosa muy distinta es lo que hacés con eso. No podés controlar El Niño, no podés controlar las decisiones de los gobiernos, no podés controlar el cambio climático por tu cuenta. Pero sí podés controlar cómo te parás frente a eso.
Y ahí —justo ahí— es donde la terapia transpersonal tiene más para ofrecer. Porque no se trata de negar la realidad ni de caer en un optimismo tóxico. Se trata de encontrar un centro que no dependa de lo que pasa afuera. Un lugar interno donde el caos externo no pueda tocarte.
Eso se entrena. Y estoy acá para acompañarte.
Si la eco-ansiedad —o cualquier forma de angustia— te está haciendo ruido, podés pedir tu espacio en https://www.terapiasmarcela.com/consultorio. Porque no hay planeta sano sin personas que puedan sostener lo que sienten.