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De instrumentadora quirúrgica a lectora de territorios

Del quirófano a los territorios: Marcela Almazán, terapeuta transpersonal

Mi recorrido: quién soy y por qué hago lo que hago.

Somos una arquitectura levantada sobre territorios: los que habitamos, los que habitaron nuestros ancestros y la tierra original desde donde viene viajando nuestra memoria.

Me recibí de instrumentadora quirúrgica

Y hoy leo territorios.

Entre esas dos cosas hay una vida entera. Y quiero contártela, porque no llegué acá por casualidad ni por moda: llegué por una sucesión de pérdidas que me obligaron a inventarme de nuevo.

Primero, el quirófano

Mi primer estudio fue instrumentación quirúrgica. Yo era la que preparaba el campo, la que sabía qué pinza venía después, la que miraba el cuerpo abierto y entendía que ahí adentro hay una verdad que no se negocia.

Ahí aprendí dos cosas que no me soltaron nunca más: que hay que mirar lo que no se ve a simple vista, y que el cuerpo no miente.

Nadie me imaginaba, entonces, leyendo tarot o constelando territorios. Yo tampoco.

Después, la hecatombe

Después vino lo que yo llamo la hecatombe.

Yo venía de una vida cómoda. Muy cómoda: económicamente brillante, en Yerba Buena, Tucumán, con empleada cama adentro, mis hijos en una escuela carísima, viajes, una vida holgada, una vida buena.

Y de repente, se dio vuelta todo.

Me quedé sin marido. Me quedé sin dinero. Me sacaron la casa. Quedé en la calle. Y tuve que empezar de cero, con dos hijos chicos.

Fui viuda a los 35. Y empecé a trabajar de lo que había: parques y jardines, con unos muchachos que trabajaban conmigo. Cortaba el pasto, plantaba, cuidaba jardines ajenos.

Y mientras tanto, yo ya me estaba dedicando a los territorios. Pero cortando el pasto.

Ahí nació todo esto. Porque cuando te quedás sin nada, no te «encontrás» a vos misma: te tenés que diseñar. Tenés que construir una identidad nueva, desde los escombros, con lo que hay.

Yo no enseñé arquitectura de identidad porque lo leí en un libro: la construí para poder seguir viviendo.

Después, los estudios (y no eran títulos: era un idioma)

Empecé a estudiar. Y no paré más.

No te voy a hacer la lista completa: mis estudios son muchísimos. Los tenés todos en mi formación académica. Lo que importa es esto: tarot, constelaciones familiares, biodescodificación, astrología, terapia transpersonal, registros akáshicos, péndulo, angelología… y mucho más.

Podés leer eso y pensar que acumulé cursos. Pero no fue eso. Yo estaba buscando el idioma para decir lo que intuía: que lo que nos pasa no es solo nuestro, que hay memorias que vienen de atrás, que los lugares guardan historias y las familias repiten lo que nadie mira.

Cada estudio fue una pieza. Y cuando las junté, apareció lo que hago hoy.

Los territorios: catorce mudanzas

Me mudé catorce, quince veces. Viví en distintas provincias de la Argentina. Y hoy vivo en el campo.

La que lee territorios, terminó viviendo sobre la tierra.

Y no es casual: mi historia familiar ya venía con el territorio adentro. Mi apellido, Almazán, viene del árabe Al-Makhzan: el lugar fortificado, el refugio. Del linaje sirio-libanés me viene la lectura del espacio y el valor sagrado de la casa. Y de mi abuela huarpe me viene el agua, el arraigo y el diálogo con la tierra.

Dos medicinas de la tierra que se trenzan en una sola. Por eso cuando trabajo con un lugar, no aplico una técnica: ejerzo la medicina de mis dos linajes.

Lo que hago hoy

Acompaño a personas —sobre todo en la segunda mitad de la vida— a ordenar lo que se repite: en su familia, en sus vínculos, en su dinero, en su casa, en su territorio.

Doy sesiones individuales, talleres y seminarios, cursos online y escribo. Tengo siete libros publicados, y los últimos cuatro están enfocados al tarot como herramienta de sanación.

Y enseño una cosa, sobre todo: a mirar.

La síntesis

Mi vocación no nació en un curso de formación: es la memoria viva de mi sangre.

Llevo el apellido de la fortaleza, la lectura sutil del espacio de los sabios del desierto y el arraigo de la tierra de mi abuela. Y le sumé treinta años de estudio y de trabajo con personas reales, con dolores reales, con historias reales.

Hoy, a los 61, me río sola de todo lo que estudié y de todo lo que me pasó. Ríe la Vieja Sabia que habita en mí: la que ya no compite, la que no se apura, la que mira el mapa completo y cuenta su historia con ternura.

Lo que se sana y se reconoce, no se repite.

Si querés mirar lo que se repite en tu propia historia —en tu familia, en tus fechas, en tu territorio—, escribime. Y si querés empezar por lo que leo y enseño, mis libros y mis clases están acá: mi tienda

Para reservar una sesión: agenda.terapiasmarcela.com