Mi recorrido: quién soy y por qué hago lo que hago.
Somos una arquitectura levantada sobre territorios: los que habitamos, los que habitaron nuestros ancestros y la tierra original desde donde viene viajando nuestra memoria.
Y hoy leo territorios.
Entre esas dos cosas hay una vida entera. Y quiero contártela, porque no llegué acá por casualidad ni por moda: llegué por una sucesión de pérdidas que me obligaron a inventarme de nuevo.
Mi primer estudio fue instrumentación quirúrgica. Yo era la que preparaba el campo, la que sabía qué pinza venía después, la que miraba el cuerpo abierto y entendía que ahí adentro hay una verdad que no se negocia.
Ahí aprendí dos cosas que no me soltaron nunca más: que hay que mirar lo que no se ve a simple vista, y que el cuerpo no miente.
Nadie me imaginaba, entonces, leyendo tarot o constelando territorios. Yo tampoco.
Después vino lo que yo llamo la hecatombe.
Yo venía de una vida cómoda. Muy cómoda: económicamente brillante, en Yerba Buena, Tucumán, con empleada cama adentro, mis hijos en una escuela carísima, viajes, una vida holgada, una vida buena.
Y de repente, se dio vuelta todo.
Me quedé sin marido. Me quedé sin dinero. Me sacaron la casa. Quedé en la calle. Y tuve que empezar de cero, con dos hijos chicos.
Fui viuda a los 35. Y empecé a trabajar de lo que había: parques y jardines, con unos muchachos que trabajaban conmigo. Cortaba el pasto, plantaba, cuidaba jardines ajenos.
Y mientras tanto, yo ya me estaba dedicando a los territorios. Pero cortando el pasto.
Ahí nació todo esto. Porque cuando te quedás sin nada, no te «encontrás» a vos misma: te tenés que diseñar. Tenés que construir una identidad nueva, desde los escombros, con lo que hay.
Yo no enseñé arquitectura de identidad porque lo leí en un libro: la construí para poder seguir viviendo.
Empecé a estudiar. Y no paré más.
No te voy a hacer la lista completa: mis estudios son muchísimos. Los tenés todos en mi formación académica. Lo que importa es esto: tarot, constelaciones familiares, biodescodificación, astrología, terapia transpersonal, registros akáshicos, péndulo, angelología… y mucho más.
Podés leer eso y pensar que acumulé cursos. Pero no fue eso. Yo estaba buscando el idioma para decir lo que intuía: que lo que nos pasa no es solo nuestro, que hay memorias que vienen de atrás, que los lugares guardan historias y las familias repiten lo que nadie mira.
Cada estudio fue una pieza. Y cuando las junté, apareció lo que hago hoy.
Me mudé catorce, quince veces. Viví en distintas provincias de la Argentina. Y hoy vivo en el campo.
La que lee territorios, terminó viviendo sobre la tierra.
Y no es casual: mi historia familiar ya venía con el territorio adentro. Mi apellido, Almazán, viene del árabe Al-Makhzan: el lugar fortificado, el refugio. Del linaje sirio-libanés me viene la lectura del espacio y el valor sagrado de la casa. Y de mi abuela huarpe me viene el agua, el arraigo y el diálogo con la tierra.
Dos medicinas de la tierra que se trenzan en una sola. Por eso cuando trabajo con un lugar, no aplico una técnica: ejerzo la medicina de mis dos linajes.
Acompaño a personas —sobre todo en la segunda mitad de la vida— a ordenar lo que se repite: en su familia, en sus vínculos, en su dinero, en su casa, en su territorio.
Doy sesiones individuales, talleres y seminarios, cursos online y escribo. Tengo siete libros publicados, y los últimos cuatro están enfocados al tarot como herramienta de sanación.
Y enseño una cosa, sobre todo: a mirar.
Mi vocación no nació en un curso de formación: es la memoria viva de mi sangre.
Llevo el apellido de la fortaleza, la lectura sutil del espacio de los sabios del desierto y el arraigo de la tierra de mi abuela. Y le sumé treinta años de estudio y de trabajo con personas reales, con dolores reales, con historias reales.
Hoy, a los 61, me río sola de todo lo que estudié y de todo lo que me pasó. Ríe la Vieja Sabia que habita en mí: la que ya no compite, la que no se apura, la que mira el mapa completo y cuenta su historia con ternura.
Lo que se sana y se reconoce, no se repite.
Si querés mirar lo que se repite en tu propia historia —en tu familia, en tus fechas, en tu territorio—, escribime. Y si querés empezar por lo que leo y enseño, mis libros y mis clases están acá: mi tienda
Para reservar una sesión: agenda.terapiasmarcela.com