Once días consecutivos de bombardeos. Más de 37 mil millones de dólares gastados. Bases atacadas en Kuwait y Bahréin. Kuwait racionando electricidad. Negociaciones diplomáticas que no terminan de frenar la sangría. La guerra entre Estados Unidos e Irán ya no es una posibilidad lejana: está ocurriendo ahora, mientras vos leés esto.
Y sé lo que estás pensando: «otra guerra en Medio Oriente, qué lejos me queda». Pero no. Esa guerra está más cerca de lo que creés. Está adentro tuyo.
Estados Unidos e Irán no son solo dos países enfrentados. Son dos arquetipos. Dos fuerzas que también operan en tu mundo interno:
El lado «Estados Unidos» es tu impulso expansivo. Tu ambición, tu necesidad de control, tu convicción de que tenés razón. Es la parte que dice «yo sé lo que hay que hacer y voy a hacerlo, cueste lo que cueste». Es la fuerza que te empuja a crecer, a competir, a imponerte.
El lado «Irán» es tu resistencia profunda. Tu orgullo herido, tu identidad amenazada, tu necesidad de defender lo tuyo aunque el costo sea altísimo. Es la parte que no negocia, que prefiere volar todo antes que ceder. La que dice «no me importa lo que pierda, pero acá no entrás».
Cuando estas dos fuerzas internas se encuentran sin mediación consciente, el resultado es catastrófico. Y lo vivís todos los días: en forma de autoexigencia despiadada que te quema por dentro, de agotamiento crónico, de ataques de ansiedad que aparecen sin aviso.
37 mil millones de dólares es lo que Estados Unidos lleva gastados en esta guerra. Pero, ¿cuánto te está costando a vos la tuya?
Kuwait está racionando electricidad por los ataques iraníes a su infraestructura energética. Tu cuerpo hace exactamente lo mismo: cuando la guerra interna escala demasiado, empieza a cortar suministros. Primero el sueño, después la digestión, después el sistema inmune. Hasta que un día el cuerpo dice «hasta acá llegamos» y te manda a la cama por una semana.
Estados Unidos anunció una pausa de bombardeos por segunda noche consecutiva. Hay negociaciones diplomáticas en curso. Alguien, del otro lado del mundo, entendió que seguir bombardeando no está llevando a ningún lado.
¿Cuándo fue la última vez que hiciste una pausa real en tu guerra personal? No hablo de un finde de descanso. Hablo de parar y preguntarte:
La terapia transpersonal trabaja exactamente con eso: con las mesas de negociación internas que nunca abriste.
En el plano geopolítico, esta guerra se desató porque un memorando de entendimiento firmado en junio se deshilachó. Las partes dejaron de confiar. La falta de confianza es siempre el preludio de la guerra.
¿Cuánta confianza tenés en vos mismo? ¿Cuánto hace que no cumplís los acuerdos que hiciste con tu propia psique? «Este año me cuido más», «voy a poner límites», «voy a dejar ese laburo que me enferma». Promesas rotas que, acumuladas, generan una desconfianza interna tan profunda como la que hay entre Washington y Teherán.
Y cuando no confiás en vos, buscás enemigos afuera. Porque es más fácil pelearse con el mundo que admitir que el único conflicto que necesitás resolver es el que tenés con vos mismo.
Nadie gana una guerra contra sí mismo. O hay negociación, o hay destrucción mutua asegurada.
Si te reconociste en estas líneas y sentís que tu guerra interna ya está costando demasiado, no esperes a que tu cuerpo o tu mente digan «basta». Pedir ayuda no es rendirse: es dejar de bombardear tu propia trinchera.