Suben las tarifas y los peajes desde el 1° de octubre: el lado B de la ansiedad por la plata
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026
Suben las tarifas y los peajes desde el 1° de octubre: el lado B de la ansiedad por la plata
Desde el 1° de octubre suben otra vez las tarifas del transporte público y los peajes de la Ciudad. Y otra vez, en cientos de casas, va a pasar algo que no aparece en ningún noticiero: alguien va a empezar a hacer cuentas en la cabeza a las tres de la mañana.
Eso también es un tema de salud emocional. Y de eso quiero hablar.
El aumento no entra solo por el bolsillo: entra por el cuerpo
Cuando la plata no alcanza, el organismo reacciona como si hubiera un peligro físico. Se activa el mismo sistema que se activa si te persigue alguien: taquicardia, mandíbula apretada, hombros subidos, respiración corta, insomnio de madrugada.
Al cerebro no le importa que la amenaza sea un número en una pantalla. Reacciona igual. Y como la amenaza económica no se resuelve en diez minutos, el cuerpo se queda en alerta durante semanas. Eso no se llama «ser exagerada»: se llama estrés crónico.
La ansiedad por la plata no es debilidad ni falta de esfuerzo. Es un cuerpo inteligente respondiendo a una amenaza real que no se sabe cuándo termina.
Cómo se manifiesta en el día a día
- Revisás el saldo muchas más veces de las necesarias, y no cambia nada.
- No podés decidir ni en cosas chicas: qué comprar, si tomar un remís, si ese par de zapatillas.
- Te da culpa gastar en vos, aunque sea en algo necesario.
- Dormís mal y te despertás con la sensación de que te olvidaste de algo.
- Te irritás con los que más querés, y después te da vergüenza.
- Somatizás: contracturas, colon irritándose, migrañas, bruxismo.
Si te reconocés, quiero decirte algo claro: el problema no es que te falte fortaleza. Es que estás sosteniendo una carga que nadie debería sostener sola y en silencio.
Lo que NO ayuda (aunque parezca que sí)
Decirte «no es para tanto». Negar lo que sentís hace que el cuerpo grite más fuerte.
Comerpararte con quien está peor. Siempre hay alguien peor. Eso no calma: solo agrega culpa a la angustia.
Planificar a veinte años. La ansiedad ama los escenarios lejanos porque ahí puede crecer sin límite. Se trabaja en unidades chicas.
Lo que sí ayuda, empezando hoy
1. Bajá el número a un solo día
En vez de calcular el año entero, resolvé hoy. ¿Qué necesitás esta semana? Ese recorte del horizonte le baja el volumen a la ansiedad de inmediato.
2. Devolvele oxígeno al cuerpo
Respirá más largo de lo que inhalás. Cuatro segundos adentro, seis o siete afuera, cinco minutos. No es una metáfora: es la vía rápida que tiene tu cuerpo para salir del modo alarma.
3. Sacá la cuenta de la cabeza
Escribila. Números en un papel se vuelven finitos. Números en la cabeza son infinitos y crecen de noche.
4. Poné un límite a la información
Leer cada noticia de aumento no te prepara, te agota. Un momento del día para informarte. Después, la vida.
5. Nombrá lo que sí tenés
No como autoayuda vacía, sino como calibración: la ansiedad distorsiona. Escribir tres cosas concretas que hoy están resueltas devuelve proporción.
6. No lo lleves sola
Apretar los dientes es una estrategia, pero a largo plazo te enferma. Hablar con alguien que no te juzgue y no te dé consejos de economía cambia el panorama.
Una lectura transpersonal del momento
Desde la mirada transpersonal, el dinero no es solo dinero: es seguridad básica. Cuando la base se mueve, se despiertan miedos que no son de ahora. Miedos heredados: de una madre que no llegaba, de una abuela que escondía plata, de una casa donde la escasez era un tema prohibido.
Por eso hay aumentos que duelen más de lo que deberían. Porque no estás pagando solo el boleto: estás pagando una memoria.
Y ese es el lado B de la subida de tarifas: detrás del número hay una mujer agotada de sostener, de calcular, de no poder relajarse. Esa mujer merece ser escuchada. No cuando la economía mejore. Ahora.
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