La pobreza llegó al 32,3%: el lado B de la vergüenza de no llegar

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026

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Esta semana se conoció el dato: la pobreza en Argentina llegó al 32,3% en el primer semestre del año y la indigencia al 7,5%. Son números que se discuten en la televisión, se pelean en el Congreso y se comparan con el semestre anterior.

Pero hay una parte que ningún índice mide. La que pasa adentro de una casa, a la noche, cuando se hace la cuenta y no cierra. Y esa parte también es salud mental.

Lo que las estadísticas no cuentan

Ninguna planilla registra la vergüenza de decirle que no a un cumpleaños porque no llegás con el regalo. Ni la culpa de mirar la góndola y elegir por precio delante de tus hijos. Ni el cansancio de calcular todo el tiempo. Ni el silencio en el que muchas mujeres guardan que no llegan a fin de mes.

Ese silencio es el punto. La vergüenza no se comparte, y lo que no se comparte se convierte en síntoma: insomnio, irritabilidad, ataques de llanto, angustia en el pecho, sensación de que sos una fracasada aunque te hayas levantado todos los días a trabajar.

La culpa como moneda de cambio

En un contexto de escasez, el sistema familiar hace lo que puede: se organiza, recorta, posterga. Y en ese recorte, alguien queda último. Casi siempre la madre. Casi siempre la mujer que sostiene.

Si te reconocés en esto, prestá atención a tres movimientos que veo todo el tiempo en el consultorio:

Que no llegues no habla de tu valor. Habla de un contexto que te excede. Confundir las dos cosas es el modo más rápido de enfermar.

Comparación, redes y pobreza emocional

A la escasez material se le suma una escasez emocional más nueva: la de mirar todo el día vidas que parecen resueltas. El otro viaja, la otra se compró la casa, la de más allá muestra la mesa llena. La comparación no crea dinero, crea vergüenza. Y la vergüenza no tiene fondo.

Qué se puede hacer, aun en un contexto difícil

Sacar la culpa del presupuesto

Podés ajustar gastos sin convertirte en el ajuste. Una cosa es la economía de tu casa y otra es tu valor como persona. No se negocia.

Nombrar en voz alta

Con una amiga, con una hermana, en un espacio terapéutico. La vergüenza pierde fuerza cuando se dice. Guardada, crece.

Reservar algo mínimo para vos

No hace falta un viaje. Puede ser media hora de caminata, un cuaderno, un grupo de lectura. Lo que se sostiene igual incluso en la semana mala.

Distinguir lo urgente de lo importante

Cuando no hay dinero, el cuerpo aprieta todo. Poder separar «esto no lo puedo resolver hoy» de «esto sí depende de mí» baja mucho la angustia.

Un territorio, no solo una economía

En mi trabajo le digo territorio al espacio donde vivís tu vida: el cuerpo, la casa, los vínculos, lo que heredaste. Cuando el territorio se achica por fuera, la tarea es no dejar que se achique por dentro. Ahí es donde una hora de terapia rinde más que cualquier consejo de austeridad.

Porque si el ingreso se cae, la angustia se puede acompañar. Pero si además te quedás sin nombre propio, sin deseo y sin permiso de estar cansada, ahí perdés dos veces.

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Si la angustia por la situación económica te está desbordando, podés agendar una consulta en terapiasmarcela.com/consultorio.

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