La Vieja Sabia: el arquetipo que no tiene edad

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La Vieja Sabia: el arquetipo que no tiene edad

Hay un arquetipo al que todos llegamos —si llegamos— sin mirar el calendario.

Somos una arquitectura levantada sobre territorios: los que habitamos, los que habitaron nuestros ancestros y la tierra original desde donde viene viajando nuestra memoria.

Conozco gente de 80 años que no aprendió nada

Y no lo digo con desprecio. Lo digo con tristeza.

Los conozco: gente que llegó a los ochenta sin haber hecho nunca una pregunta de verdad. Que se despertó, desayunó, criticó a alguien, miró televisión y se fue a dormir. Todos los días. Durante cuarenta años. Y así hasta el final. No porque hayan sido malas personas: porque nadie les enseñó que la vida se puede mirar. Y ellos nunca se lo preguntaron solos.

Y conozco lo contrario. Conozco gente de veinticinco, de treinta años, que ya encarna a la Vieja Sabia. Que se detiene, que pregunta, que se queda mirando algo hasta entenderlo.

Porque la Vieja Sabia no es una edad. Es un arquetipo.

Un arquetipo no se actúa: se encarna

En mi trabajo hablo de arquetipos todo el tiempo: la Buscadora, la Rebelde, la Constructora, la Estratega, la Guardiana del Fuego, la Soberana… y la Vieja Sabia.

Ninguno de esos arquetipos viene con fecha de vencimiento.

Un arquetipo no se actúa: se encarna. Es un patrón antiguo que despierta cuando la vida te exige una respuesta que la lógica no puede dar. Y a la Vieja Sabia no la despierta el cumpleaños número ochenta: la despierta la decisión de mirar.

Cómo se reconoce a la Vieja Sabia

No se reconoce por las canas. Se reconoce por esto:

  • No compite. Ya no necesita ganar una discusión para saber que tiene razón.
  • No se apura. Sabe que hay cosas que se entienden solo con el tiempo, y que apurar no acelera: atrasa.
  • No carga lo que no es suyo. Sostiene sin quedarse con el peso de nadie.
  • Pregunta. Todo el tiempo. Es su manera de estar viva.
  • Mira el mapa completo. No la foto de un día: el recorrido entero. Por eso puede hablar de lo que pasó sin queja, y de lo que viene sin miedo.
  • Transmite. No guarda: pasa. Lo que aprendió no se lo lleva: lo deja.

Yo la encarno, y todavía no soy vieja

Yo me considero una Vieja Sabia. Y no soy vieja: no lo parezco, y me río sola de todas las cosas que estudié y de todo lo que me pasó.

Pero hice el recorrido.

Empecé en un quirófano: me recibí de instrumentadora quirúrgica, y ahí aprendí a mirar lo que está abierto, lo que está adentro, lo que no se ve a simple vista. Después estudié tarot, constelaciones, biodescodificación, astrología, terapia transpersonal, registros akáshicos, péndulo.

Y en el medio, me pasó la hecatombe.

Yo venía de una vida cómoda. Muy cómoda: económicamente brillante, en Yerba Buena, Tucumán, con una empleada cama adentro, mis hijos en una escuela carísima, viajes, una vida holgada, una vida buena.

Y de repente, se dio vuelta todo.

Me quedé sin marido. Me quedé sin dinero. Me sacaron la casa. Quedé en la calle. Y tuve que empezar de cero.

Yo dejé de ser «la señora de» mi marido para empezar a ser otra. Otra, literalmente. Y mis hijos tuvieron que hacer lo mismo.

Ahí nació todo esto.

Porque cuando te quedás sin nada, no te «encontrás» a vos misma: te tenés que diseñar. Tenés que construir una identidad nueva, desde los escombros, con lo que hay. Yo no enseñé arquitectura de identidad porque lo leí en un libro: la construí para poder seguir viviendo.

Me mudé catorce, quince veces. Viví en distintas provincias. Y hoy vivo en el campo: la que lee la tierra, terminó viviendo sobre la tierra.

Todo eso no me hizo «mayor». Me hizo sabia. Porque la sabiduría no la trae el tiempo: la trae lo que hacés con el tiempo.

Los chicos también se diseñaron

Y quiero decir algo de mis hijos, porque es parte de la misma historia.

A mis hijos nadie les regaló nada.

Los dos trabajaron desde los dieciséis, diecisiete años. Mi hijo iba a la escuela de aviación para estudiar aviónica y, mientras tanto, vendía plaquetas y electrónica, y enseñaba inglés y matemáticas en casa. Mi hija trabajaba desde los dieciséis: vendía bijouterie, después trabajó con su hermano cuando él armó su empresa, y después trabajó conmigo, haciendo los diseños y los videos para mis clases de tarot y de angelología.

Los dos iban a la escuela. Y los dos trabajaban.

Y los dos se recibieron en la facultad: mi hijo, ingeniero. Mi hija, licenciada en comercio internacional.

Dos chicos que se hicieron solitos, ayudando a mamá. Y lo hicieron porque era lo que había que hacer para salir adelante.

Son hijos hermosos. Y son la prueba de lo que digo siempre: cuando la vida te saca todo, no te queda otra que diseñarte. Y ellos lo hicieron. Conmigo al lado, pero solos.

Mi propio lugar

Todo eso me hizo sabia.

Pero la sabiduría no es una corona: es un límite. Me hizo saber dónde tengo que estar y dónde no tengo que estar.

Me hizo saber lo que valgo.

Por eso no estoy en lugares donde no me valoran, donde siento que mi valor se menosprecia. No estoy en grupos. No estoy en ningún lado donde tenga que estar por debajo de otra persona.

Siempre quise ocupar mi propio lugar. Y lo ocupé.

Yo me considero mi propia referente. Si te parece que ahí hay un yoísmo: sí, hay. Es así. Y no me disculpo.

Eso es mi Acuario tan fuerte: la que mira de lejos, la que no necesita permiso, la que se autoriza a sí misma.

Lo que dice mi carta (y te lo paso en criollo)

Tengo el Sol en Piscis, el Ascendente en Acuario con un Stelium fuerte en Acuario, la Luna en Libra y el Medio Cielo en Escorpio.

Ahora te lo paso en criollo.

  • Sol en Piscis: el Sol es el centro, lo que uno es. Piscis es el agua que se mezcla: la compasión, sentir lo del otro como propio. Por eso puedo sentarme frente a alguien y sentir lo que siente.
  • Ascendente y Stelium en Acuario: el Ascendente es la puerta por donde uno mira el mundo. Acuario mira de lejos: mira el sistema, mira «la humanidad» más que «el de al lado». Por eso yo no miro solo a la familia: miro el sistema entero. Y un Stelium —en criollo: varios planetas juntos en el mismo signo— hace que ese signo sea el más fuerte de toda la carta.
  • Luna en Libra: la Luna es lo que necesito para estar bien. Libra necesita armonía y vínculo. Por eso trabajo con lo que se rompió entre la gente.
  • Medio Cielo en Escorpio: el Medio Cielo es lo que uno hace en el mundo. Escorpio es lo que está debajo: lo oculto, lo que murió, lo que no se dice. Es el signo que mira lo que los demás no quieren mirar.

Por eso digo, medio en broma, que Escorpio en el Medio Cielo hace que yo vea a los muertitos. No es literal: es que veo lo que quedó sin cerrar. Lo que nadie nombró. Lo que sigue pesando en una casa, en una familia, en un territorio.

Y entonces, ¿cómo se llega a la Vieja Sabia?

No se llega por los años. Se llega por una decisión:

La de no dejar de preguntar.

Mirar lo que otros esquivan. Quedarse con lo incómodo hasta que se ordena. Poder mirar atrás —todas tus mudanzas, tus muertos, tus errores— y contarlo con ternura en vez de con queja.

Si estás en la primera mitad de tu vida y esto te resuena: el arquetipo ya te está llamando. La Vieja Sabia no espera a que seas grande. Espera a que te animes a mirar.

La Vieja Sabia en el día a día

La Vieja Sabia no vive en una nube: vive acá, con los pies en la tierra.

  • Lee el clima. Mira las nubes y sabe si va a llover.
  • Olfatea las plantas. Toca la tierra y sabe si le falta agua.
  • Sabe cuándo un chico necesita un médico. Sabe que esa fiebre no es de las que se van solas. Otras madres no le dan bolilla a eso. Ella sí.
  • Sabe si un remedio le hace bien o le hace mal. Y si no está de acuerdo, lo lleva al médico y pide que se lo cambien.
  • Lee las plantas. Yo tengo mucho de herbolaria: vivo en el campo, en vínculo directo con la tierra, y las leo.
  • Mira su propio tarot. Todos los días. Y no por duda.

Y quiero ser clara con esto, porque mucha gente lo interpreta mal.

Yo no le pregunto al tarot qué va a pasar. Yo miro mi propio tarot para confirmar qué arquetipo me está atravesando hoy.

En criollo: no le pido que adivine. Le pregunto quién está caminando por mi cuerpo hoy. ¿Estoy en la Soberana? ¿Estoy en la Guardiana, cuidando a todos y olvidándome de mí? ¿Estoy en la Rebelde, que necesita romper algo? ¿Estoy en la Vieja Sabia, que ya no necesita discutir con nadie?

Saber eso me ordena el día. Y me hace más sabia que cualquier consejo.

Y sobre los medicamentos quiero ser clara.

Yo desconfío de los medicamentos. Y tengo mi razón: a mi marido lo mató un medicamento equivocado.

Desde ese día desconfío. No es capricho: es memoria.

Porque la intuición no es magia. La intuición es la memoria del cuerpo, después de años y años de mirar, de cuidar, de estar atenta. Eso es lo que te da la Vieja Sabia: no un poder, una práctica.

Y ahora te pregunto a vos

Antes de terminar, te hago unas preguntas. Contestátelas en serio:

  • ¿Vos estás en modo Vieja Sabia… o estás mirando la novela con el bizcochito en la mano?
  • ¿Cuándo fue la última vez que te levantaste y te hiciste una pregunta de verdad? No una queja: una pregunta.
  • ¿Sabés qué plantas tenés cerca? ¿Sabés cuándo tu cuerpo te está avisando algo?
  • ¿Estás en lugares donde te valoran, o ya te acostumbraste a estar por debajo?
  • ¿Y si la vida te sacara todo hoy, por dónde empezarías a diseñarte?

Contestá lo que puedas. Y si hay alguna que no podés contestar, quedátela: esa es la pregunta que te está esperando.

Lo que se sana y se reconoce, no se repite.

Si querés mirar lo que se repite en tu propia historia —en tu familia, en tus fechas, en tu territorio—, escribime. De esto hablo en mis libros y en mis clases, y lo trabajo en cada encuentro: Códigos del Inconsciente (que ya va por su cuarta edición), Constelando el alma con arquetipos, Tarot y Sensualidad en la vida y en los negocios y Tus Imágenes Internas.

Y si querés leer sobre los otros arquetipos que habitan en vos, te dejo esta nota: Cien arquetipos: cambiar no es traicionarse

Mis libros y mis clases los encontrás acá: mi tienda

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