Cae la casa propia: el lado B del sueño de tener un lugar
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·
Los números volvieron a bajar: la proporción de hogares con casa propia pasó del 72% al 68% en una década, y creció la cantidad de gente que alquila. Se discute el crédito, el precio, la economía. Pero hay un lado B que casi nadie nombra: lo que significa emocionalmente no tener un lugar propio.
La casa no es solo un techo
Una casa es un techo, sí. Pero también es raíz, es nido, es la prueba de que llegaste a algún lado. Nos criaron con esa promesa: estudiar, trabajar, tener tu casa. Cuando esa promesa no llega, no se cae solo un plan: se cae una parte de la identidad. Y ahí es donde el cuerpo empieza a hablar con ansiedad, con insomnio, con esa sensación de estar de paso en tu propia vida.
Qué se mueve por dentro cuando alquilás
- La sensación de provisionalidad. Saber que en un año te pueden pedir la casa hace difícil poner una foto en la pared.
- El miedo a retroceder. Cada aumento te devuelve la pregunta: ¿y si el mes que viene no llegó?
- La comparación. Ver amigos que compraron, familias que heredaron, y sentir que vas atrás en una carrera que no elegiste.
- La vergüenza. Esa que no se dice en voz alta pero aprieta: «no pudimos».
Una promesa que se rompió
Es importante poner esto en contexto: no es tu fracaso personal. Es un cambio de época. Cambiaron las condiciones para acceder a la vivienda, creció la informalidad y se enfrió el mercado hipotecario. Cuando alguien te dice «esforzate y vas a poder», te está contando un cuento que ya no aplica igual que antes.
No estás haciendo mal las cuentas. Estás viviendo en un país donde la cuenta cambió para todos.
El lugar que sí podés construir
Desde una mirada transpersonal, la casa es un símbolo: representa refugio, pertenencia, seguridad. Y ahí está la buena noticia. Aunque el título de propiedad no llegue ahora, ese refugio interno puede construirse. Se construye con vínculos, con rutinas, con un rincón propio, con la decisión de habitar el lugar donde estás aunque no sea definitivo.
No se trata de resignarte ni de fingir que no importa. Se trata de dejar de medir tu valor por la escritura de una propiedad y empezar a sentirte en casa dentro de vos.
Qué ayuda a sostenerte
- Nombrar el miedo sin juzgarte: el miedo a no llegar es legítimo.
- Separar lo tuyo de lo del sistema. Tu cansancio es real; la causa es más grande que vos.
- Hacer tuyo el espacio: una planta, una luz, un orden que te guste. Lo propio se construye igual.
- Poner tus raíces en vínculos, no solo en paredes. La pertenencia también es gente.
Volver a sentirte en casa
Si la ansiedad por la plata, los aumentos o el futuro te está quitando el sueño, vale la pena mirarlo con acompañamiento. No para darte una fórmula sobre cómo comprar, sino para que la falta de una casa no te quite la paz que sí podés tener hoy.
Podés agendar una consulta y trabajamos esto juntas.