Otra vez la inflación. Otra vez las reformas. Otra vez la sensación de que el piso se mueve bajo tus pies. Argentina vive en un estado de incertidumbre económica permanente, y julio de 2026 no es la excepción: proyecciones de inflación que bailan entre el 1,8% y el 2,1%, reformas estructurales que generan debate, un FMI que pronostica un dígito recién para 2028. Y mientras todo eso pasa, algo mucho más profundo está ocurriendo adentro tuyo y nadie lo está nombrando.
Porque esto no es solo economía. Es ansiedad existencial disfrazada de preocupación financiera. Y si no lo entendés desde ese lugar, vas a seguir dándole vueltas al mismo malestar sin resolverlo nunca.
En la psicología transpersonal, el dinero no es solamente un medio de intercambio. Es un símbolo cargado de energía psíquica. Representa seguridad, poder, valor personal, merecimiento. Lo que sentís frente a tu billetera es un termómetro de lo que sentís frente a la vida. Y la ansiedad económica no viene solo de los números: viene de una herida más antigua que el INDEC.
Pensalo así: si de chico aprendiste que el mundo es un lugar de escasez, esa creencia se instaló en tu sistema nervioso. Después, cada vez que la economía real confirma esa sensación —que en Argentina pasa seguido—, tu sistema entra en modo supervivencia. No es solo que te falta plata: es que tu cerebro reptiliano cree que está en peligro de muerte. Y actúa en consecuencia.
Las tradiciones espirituales de Oriente y Occidente coinciden en algo: la percepción de escasez es una ilusión del ego. No estoy diciendo que no haya problemas reales —los hay, y muy serios—. Estoy diciendo que la manera en que vivís esos problemas está filtrada por un patrón interno que podés sanar.
No es lo mismo ocuparte de tu economía que vivir en estado de pánico por tu economía. La primera es responsabilidad; la segunda es una herida que pide ser vista.
El ego se define por el miedo a desaparecer. Y el dinero, en nuestra cultura, es el principal marcador de existencia social. Sin plata, el ego siente que no es nadie. Esa ecuación —plata igual a valor personal— no es económica, es existencial. Y se trata en terapia, no en el banco.
La grieta argentina no se cura con debate. Se cura entendiendo que la polarización es un mecanismo de defensa colectivo. Cuando no puedo tolerar mi propia incertidumbre, la proyecto afuera: los malos son ellos, la culpa es del otro, la solución depende de que cambie el de enfrente.
En términos transpersonales, esto se llama sombra colectiva. Lo que no reconozco en mí —mi miedo, mi fragilidad, mi confusión— lo deposito en el otro bando. Y así nos quedamos todos atrapados en una guerra de espejos que no resuelve nada porque ni siquiera está pasando donde creemos que está pasando.
Todos los días recibo consultas de personas que no pueden dormir. Que se despiertan a las tres de la mañana con la cabeza dando vueltas. Que sienten un nudo en el estómago que no se va ni los fines de semana. Y cuando empezamos a hablar, lo primero que dicen es: «no llego a fin de mes».
Pero cuando profundizamos, aparece otra cosa. Aparece el miedo a defraudar a la familia. La sensación de no ser suficiente. La comparación permanente con el vecino, con el primo, con el compañero de trabajo al que «le va mejor». La plata es el síntoma. La herida es mucho más honda.
Argentina va a seguir teniendo vaivenes económicos. Eso probablemente no cambie en el corto plazo. Pero tu relación con la incertidumbre sí puede cambiar. Podés dejar de ser un barco a la deriva de cada índice inflacionario y empezar a construir un centro interno que no dependa de lo que pasa afuera.
Eso no significa resignarse. Significa ocuparse desde otro lugar. Desde la calma, desde la claridad, desde la certeza de que tu valor como persona no cotiza en bolsa.
La economía va y viene. Tu paz interior no puede estar atada a ese subibaja. Y si sentís que lo está, probablemente necesites trabajar la raíz del problema —que no está en tu billetera, sino en tu historia.
Agendá tu consulta conmigo. Vamos a separar lo económico de lo existencial, y a sanar la herida que la inflación solo viene a recordarte.