El lado B de la camiseta: lo que el fanatismo futbolero esconde

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El lado B de la camiseta: lo que el fanatismo futbolero esconde

El lado B de la camiseta: lo que el fanatismo futbolero esconde

Hay una energía que se siente en la tribuna y que ningún otro espectáculo reproduce: miles de cuerpos gritando al unísono, abrazos entre desconocidos, lágrimas por una pelota que entra o no entra. Esta semana las redes arden con el fútbol, con las finales y con la pasión desbordada. Yo miro eso y no veo solo deporte. Veo una necesidad profunda, enorme, de pertenecer a algo más grande. Te propongo mirar el lado B de la camiseta: eso que tu alma busca cuando gritás un gol.

La camiseta como segunda piel

Decimos «soy de River», «soy de Boca», «soy de Talleres». Fijate en el verbo: ser. No decimos «me gusta tal equipo», decimos que somos. La camiseta no es una prenda, es una identidad. Y eso no es un capricho: es la forma moderna de responder a una pregunta vieja como el mundo —¿quién soy?— adosándonos a algo que nos trasciende.

La psicología transpersonal entiende que el ser humano necesita fundirse con algo mayor para sentirse completo. Antes eran los dioses, la tribu, la patria. Hoy, para millones, ese «algo mayor» es el club. No está mal: es humano.

El fanatismo como éxtasis contenido

Cuando tu equipo mete un gol, por un instante dejás de ser vos. Se te va el yo: no hay facturas, ni desamor, ni miedo, ni pasado. Hay puro presente, pura entrega. Eso es un estado casi místico, una experiencia de disolución del ego que las tradiciones espirituales buscan durante años con meditación.

La tribuna es, para muchos, el único templo que pisan. Y el grito de gol, su única plegaria.

El problema no es el éxtasis. El problema es cuando la única puerta a esa trascendencia es la camiseta. Porque entonces tu paz depende de un resultado que no controlás: si gana tu equipo, existís; si pierde, te hundís. Y una vida colgada de un resultado ajeno es una vida frágil.

Lo que esconde la bronca del domingo

¿Alguna vez viste cómo se transforma una persona tras una derrota? Irritabilidad, mal humor, a veces violencia. Eso no es amor por el club: es la herida de una identidad que se sintió atacada. Si «soy mi equipo» y mi equipo pierde, entonces «yo pierdo». Y nadie quiere ser un perdedor.

Ahí se esconde algo que duele mirar: cuánto de tu valor depende de afuera. El fanatismo, llevado al extremo, es la confesión de una autoestima que no se sostiene sola y busca muletas en un resultado.

Pertenecer sin desaparecer

La invitación no es dejar el fútbol. Es preguntarte qué más sos además de hincha. Porque pertenecer a una tribu es hermoso; desaparecer dentro de ella, no. Podés cantar en la tribuna y, a la vez, tener un centro adentro tuyo que no depende del marcador.

Señales de que tu identidad está hipotecada al resultado

  • Tu estado de ánimo de la semana depende de un partido.
  • Te cuesta nombrar quién sos sin hablar de tu club.
  • Sentís vacío o rabia desproporcionada cuando perdés.
  • Creés que «los otros» son menos personas por ser de otro equipo.

El lado B

El lado B de la camiseta es una pregunta hermosa: ¿a qué le cantás cuando cantás en la tribuna? Quizás le cantás al gol, o quizás le cantás a un anhelo de unión que no encontró otro lugar donde vivirse.

Mi trabajo es ayudarte a encontrar ese «algo más grande» sin que tengas que desaparecer para sentirlo. Porque podés amar tu camiseta y, al mismo tiempo, habitar tu propia piel.

Si sentís que tu paz depende de un resultado y querés recuperar tu centro, te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio