El Gobierno acaba de aprobar en Diputados la «Inocencia Fiscal II», la ley que busca que los argentinos saquen los famosos dólares del colchón y los metan al sistema. Se habla de 170.000 millones de dólares guardados afuera del banco, en cajas, cajones, paredes, tanques de agua y, sí, colchones. Los economistas discuten tasas, plazos y tapones fiscales. Pero hay una lectura que nadie está haciendo, y es la que a mí me interesa: ¿qué le pasa por dentro a una persona que prefiere dormir sobre su plata antes que confiársela a un banco?
Nadie guarda dólares bajo el colchón por gusto. Se guardan ahí porque el colchón es lo único que no te puede traicionar. No te llama un lunes para avisarte que hay corralito. No te manda una carta para decirte que tus ahorros ya no valen lo mismo. El colchón es el último refugio de una confianza rota.
Y no hablo de una confianza rota por una sola crisis. Hablo de generaciones enteras que pasaron por el Rodrigazo, la hiperinflación, el corralito del 2001, el default, el cepo. Cada una de esas heridas quedó grabada no en los libros de economía, sino en el cuerpo de las familias.
Hay una frase que escucho muchísimo en el consultorio: «yo no sé por qué no puedo confiar, si a mí nunca me pasó nada». Y ahí está la clave. No hace falta que a vos te haya pasado. Basta con que te lo hayan contado en la mesa familiar, con ese tono, con esa cara.
El trauma no se transmite por la sangre, pero sí por el relato. Y el relato argentino sobre la plata es un relato de pérdida.
El abuelo que perdió todo. La madre que lloraba con las cuentas. El padre que repetía «a los bancos no les des nada». Esas frases se instalan como creencias, y las creencias terminan manejando la billetera sin pedir permiso.
La economía conductual lo llama aversión a la pérdida: perder duele mucho más de lo que gusta ganar. Por eso, aunque el banco ofrezca interés, la persona elige el colchón. Prefiere no ganar nada antes que arriesgarse a perderlo todo. Es una decisión emocional disfrazada de decisión financiera.
Pero hay un costo que no aparece en ninguna ley:
La relación con el dinero es, en el fondo, una relación con la confianza, con el control y con la seguridad. Si no confiás en el afuera, no confiás en el banco. Si creés que todo se va a caer, vivís en alerta. Y vivir en alerta no es vivir: es sobrevivir.
No se trata de que saques todo del colchón mañana. Se trata de que te preguntes a qué le tenés miedo de verdad. Porque muchas veces, debajo del miedo a perder la plata, está el miedo a perder el control. Y debajo de ese, el miedo a no valer sin lo que tenés.
El lado B de esta noticia no es económico: es vincular. La pregunta no es cuántos dólares hay bajo los colchones, sino cuánto miedo hay bajo esos dólares. Una sociedad que no puede descansar sobre su propio ahorro es una sociedad que no se siente segura ni en su propia cama.
Sanar la relación con el dinero es sanar la relación con la historia. No podés confiar en el sistema hasta que no sanes la herida que el sistema te dejó. Y eso no lo resuelve ninguna ley: lo resuelve mirarte.
Si sentís que el miedo a perder te gobierna —con la plata o con cualquier cosa— te invito a trabajarlo en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio