El lado B de la locomotora centenaria: nunca es tarde para volver a rodar

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El lado B de la locomotora centenaria: nunca es tarde para volver a rodar

El lado B de la locomotora centenaria: nunca es tarde para volver a rodar

La noticia es tan linda que parece inventada: una locomotora de más de cien años, después de veintidós parada, con la orden de desguace ya firmada, volvió a rodar. Dos décadas de óxido, de silencio, de espera. Y un día, contra todo pronóstico, la máquina arrancó. Los medios lo cuentan como una curiosidad de taller. Yo lo leo como un tratado sobre la esperanza. Este es el lado B.

Porque hay algo de nosotros en esa locomotora. O mejor: hay algo de esa locomotora en nosotros. ¿Cuántas veces te sentiste en vía muerta, esperando que vengan a desguazarte? ¿Cuántas veces firmaste, en silencio, tu propia orden de chatarra?

Los años que parecen perdidos

Veintidós años es mucho tiempo. Una vida entera de proyectos. La locomotora estuvo parada tanto tiempo que nadie creía que pudiera volver. Y sin embargo, cuando llegó la mano correcta, cuando alguien se animó a mirarla distinto, la máquina respondió.

Acá está la primera lección: el tiempo parado no es tiempo perdido. No es lo mismo estar quieto que estar muerto. La locomotora no estaba muerta: estaba esperando. Y hay etapas de nuestra vida que son exactamente eso. Pausas largas que la ansiedad quiere llamar fracasos, pero que en realidad son preparación.

El desguace como metáfora

El desguace es el momento en que el mundo te da por descartado. La edad, el desempleo, una separación, una enfermedad, un proyecto que no funcionó. Alguien — a veces vos mismo — firma el papel que dice que ya no servís. Y sin embargo, la chatarra es una opinión, no un destino.

  • Hay personas que se sienten desguazadas a los 30.
  • Otras, a los 60, se sienten recién arrancando.
  • La diferencia no está en los años. Está en la mirada.

La mirada transpersonal lo dice con claridad: vos no sos tus funciones. No sos tu trabajo, no sos tu rol, no sos lo que producís. Sos la conciencia que habita todo eso. Y la conciencia no se oxida, no envejece, no se desguaza jamás.

Lo que hizo posible el milagro

La locomotora no volvió a rodar sola. Hizo falta gente que creyera, que invirtiera horas, que limpiara el óxido pieza por pieza. Hizo falta paciencia. Hizo falta, sobre todo, alguien que se negara a aceptar la sentencia de chatarra como definitiva.

Esa persona, para tu propia vida, podés ser vos. Pero no siempre se puede solo. A veces necesitás que otro te mire con los ojos de lo posible, que vea en vos lo que vos dejaste de ver. Por eso existen los terapeutas. Por eso existe el acompañamiento.

Volver a rodar no es volver a ser la de antes

La locomotora centenaria no es la misma máquina que fue en su juventud. Tiene cien años, tiene óxido en lugares que no se ven, tiene una historia larga. Y sin embargo rueda. Ese es el punto: no se trata de volver a ser joven, se trata de volver a moverse.

Nos pasamos la vida intentando recuperar versiones viejas de nosotros mismos. El cuerpo que teníamos, la energía que teníamos, la inocencia que teníamos. Y nos frustramos porque eso no vuelve. Pero podemos, como la locomotora, arrancar con lo que hay: con las marcas, con la historia, con el óxido digno de quien ha vivido.

Nunca es tarde para volver a rodar. No para ser el que fuiste, sino para ser el que todavía no fuiste.

El primer giro de rueda

No hace falta que hoy cambies toda tu vida. Alcanza con que des un giro de rueda. Una llamada que venías postergando. Un proyecto que dejaste en un cajón. Un pedido de ayuda. Una cita con vos mismo. El tren más largo del mundo arrancó con una sola vuelta de rueda.

Si sentís que estás en vía muerta hace demasiado tiempo, y necesitás a alguien que te mire con los ojos de lo posible, te espero en el consultorio: https://www.terapiasmarcela.com/consultorio