La bandera de Malvinas en el Mundial: el símbolo que grita lo que el alma no puede decir

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La bandera de Malvinas en el Mundial: el símbolo que grita lo que el alma no puede decir

La bandera de Malvinas en el Mundial: el símbolo que grita lo que el alma no puede decir

Viste la imagen. Argentina le gana a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026 y, en medio de la euforia, los jugadores despliegan una bandera blanca artesanal que dice «Las Malvinas son argentinas». El estadio explota. Las redes también. Y en cuestión de minutos, el mundo entero opina: unos se emocionan, otros se ofenden, la FIFA investiga, el Reino Unido protesta.

Pero yo quiero detenerme en algo que nadie está mirando. Algo que va más allá de la geopolítica, del fútbol y de la historia bélica. Quiero mirar el lado B de esta bandera.

¿Qué buscan realmente tus ojos cuando miran ese trapo celeste y blanco?

Escuchame con atención: cuando un símbolo nacional provoca semejante descarga emocional, no está hablando solo de soberanía territorial. Está hablando de soberanía emocional. Está hablando de una herida que duele tanto que necesitás que el mundo entero la vea para sentir que existe.

En la terapia transpersonal trabajamos con una idea muy simple y muy profunda: todo lo que te apasiona afuera, te está mostrando algo que tenés adentro. Y esta pasión colectiva por Malvinas, esta necesidad de reafirmar una y otra vez que «son argentinas», ¿de qué herida ancestral está hablando?

La identidad colectiva como muleta espiritual

Argentina tiene una historia de heridas no sanadas. Crisis económicas, promesas rotas, caídas y resurrecciones. Y en ese contexto, el símbolo patrio se vuelve un ancla. Nos agarramos de esa bandera como quien se agarra de un clavo ardiendo para no desmoronarse. «Somos argentinos» pasa a ser una respuesta automática a la pregunta existencial más aterradora: «¿Quién soy?»

Pero mirá lo que pasa cuando la identidad está puesta solo afuera, en símbolos externos: te volvés esclavo de lo que los demás piensen de ese símbolo. Si FIFA sanciona, te indignás. Si un inglés lo critica, te hierve la sangre. Si alguien no lo respeta, lo sentís como una agresión personal. Porque vos sos ese símbolo. No tenés otro asidero.

El riesgo de no separarte del símbolo

En mi consultorio veo esto todos los días. Personas que no saben quiénes son sin su trabajo, sin su pareja, sin su nacionalidad, sin su equipo de fútbol. Y cuando algo amenaza eso —un despido, una separación, una derrota, una crítica— se derrumban. Porque construyeron su identidad sobre arena.

No estoy diciendo que esté mal sentir orgullo por tu país o emocionarte con un símbolo. Todo lo contrario. El problema no es el símbolo. El problema es cuando el símbolo te posee a vos en vez de vos poseerlo a él.

La bandera de Malvinas en el Mundial es hermosa. Es emoción genuina. Pero preguntate: ¿qué pasaría si mañana te la sacan? Si la FIFA la prohíbe. Si el mundo dice que no. ¿Tu identidad se resquebraja? ¿Te sentís menos argentino? ¿Menos persona?

La verdadera soberanía

La soberanía más importante que podés reclamar no es sobre un territorio en el Atlántico Sur. Es sobre tu propio territorio interno. Esa isla que llevás adentro —tu esencia, tu alma, tu ser más auténtico— también está ocupada por mandatos ajenos, por creencias que no elegiste, por ansiedades que heredaste.

El camino transpersonal te invita a izar tu propia bandera. No una de tela, sino una de conciencia. Una que diga: «Yo sé quién soy más allá de cualquier símbolo externo. Mi identidad no se negocia. No depende de un resultado deportivo, ni de la aprobación de la FIFA, ni del reconocimiento de ninguna potencia mundial.»

«La identidad verdadera no se defiende. Se habita.» — Sandra Marcela Almazán

Un ejercicio para hoy

Antes de que empiece la final del domingo, te propongo algo. Sentate cinco minutos en silencio. Respirá profundo. Y preguntate:

  • ¿A qué «isla» mía no le estoy dando soberanía?
  • ¿Dónde estoy poniendo mi identidad en manos de algo externo?
  • ¿Qué pasaría si Argentina pierde la final? ¿Seguiría sintiendo que valgo?

No te juzgues por las respuestas. Solo observate. Porque la conciencia, la verdadera conciencia, empieza cuando dejás de mirar la bandera y empezás a mirar al que la está mirando.

Si querés trabajar esa soberanía interna, te espero en el consultorio. Para que tu identidad no dependa de ningún símbolo externo, sino de la paz que nace desde adentro.

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