El termómetro marca 43 grados y tu alma también: eco-ansiedad, la epidemia que nadie está nombrando

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El termómetro marca 43 grados y tu alma también: eco-ansiedad, la epidemia que nadie está nombrando

El termómetro marca 43 grados y tu alma también: eco-ansiedad, la epidemia que nadie está nombrando

Europa arde. Francia llegó a 43,8 grados. España, 43,7. Reino Unido batió su récord histórico de calor en junio. En Italia hay 16 ciudades con alerta sanitaria máxima. La ONU dice que esto lleva «la huella de la crisis climática». Los científicos fueron más contundentes: sin cambio climático, esta ola de calor habría sido prácticamente imposible. Y mientras vos leés esto, quizás sentiste un nudo en el estómago. Una angustia difusa. Algo que no sabés muy bien cómo nombrar. Eso, exactamente eso, se llama eco-ansiedad.

Hace veinte años que trabajo como terapeuta transpersonal y te digo algo que probablemente no escuchaste en ningún otro lado: la eco-ansiedad no es un trastorno. Es una respuesta sana de un ser humano conectado con la vida. El problema no es sentirla. El problema es no saber qué hacer con eso que sentís.

¿Qué es la eco-ansiedad?

No está en el manual de psiquiatría tradicional, pero cualquiera que trabaje con personas de carne y hueso —como yo— la ve todos los días. La eco-ansiedad es esa sensación de desasosiego, culpa, impotencia o tristeza que aparece cuando pensás en el estado del planeta. Es la angustia que sentís cuando ves las noticias de la ola de calor en Europa y pensás «esto ya no tiene vuelta atrás».

Y ojo, no es una exageración de millennials sensibles ni un capricho de gente que «se hace drama por todo». Más de doscientas personas murieron por el calor en España en los últimos días. Los hospitales de París estuvieron al borde del colapso. Esto es real. Y tu cuerpo lo sabe, aunque tu mente racional intente restarle importancia.

El síntoma y la señal

Desde la mirada transpersonal, hacemos una distinción clave: una cosa es el síntoma y otra muy distinta es la señal. El síntoma es cuando la eco-ansiedad te paraliza. Cuando no podés dormir, cuando sentís que nada de lo que hagas tiene sentido, cuando te desconectás del presente porque estás atrapado en un futuro catastrófico. Ahí hay que trabajar. Ahí necesitás acompañamiento.

Pero la señal es otra cosa. La señal es esa punzada que te dice: «esto que está pasando no me es indiferente». Esa molestia es salud. Es la prueba de que no estás anestesiado. De que tu alma todavía registra que formás parte de un tejido más grande.

La eco-ansiedad bien canalizada no te enferma: te despierta. Te saca de la inercia. Te conecta con tu responsabilidad sin hundirte en la culpa.

Tres cosas que podés hacer (de verdad)

No te voy a dar consejos vacíos ni frases de autoayuda de Pinterest. Te voy a compartir lo que funciona en el consultorio con pacientes reales que atraviesan esto:

  • Dejá de cargar el planeta entero sobre tus hombros. No sos responsable de resolver la crisis climática. Sos responsable de hacer tu parte. La diferencia entre esas dos cosas es la diferencia entre la parálisis y la acción consciente. Elegí una cosa concreta que puedas cambiar hoy —aunque sea mínima— y hacela. La acción es el antídoto contra la impotencia.
  • Volvé al cuerpo. La eco-ansiedad se instala en la cabeza, en los pensamientos en loop. Bajala al cuerpo: caminá descalzo, tocá un árbol, meté los pies en el pasto, respirá hondo cinco veces. Son prácticas que parecen simples pero que reconectan el sistema nervioso con la tierra que está tratando de hablarte.
  • Buscá comunidad. La angustia climática aísla. Te hace sentir que sos el único que «se da cuenta». No es cierto. Hay millones de personas sintiendo lo mismo. Compartirlo no te va a dar la solución mágica, pero te va a sacar de la soledad del espanto. Y desde ahí, todo es más posible.

El calor de afuera y el de adentro

Hay algo que me gustaría que te lleves de este post: la temperatura externa y la temperatura interna están más conectadas de lo que creemos. No es casualidad que en los días de calor extremo aumenten los conflictos, la irritabilidad y los cuadros de ansiedad. El cuerpo no distingue del todo entre el fuego de afuera y el de adentro.

Por eso, en momentos como este —con una ola de calor sin precedentes azotando a trescientos cincuenta millones de personas—, la invitación no es a ignorar la noticia. Es a leerla como lo que es: un mensaje del sistema del que formás parte. Un mensaje que dice: algo está roto. Algo necesita nuestra atención. Y no solo en el mundo exterior.

Si esto resonó con vos, no te lo guardes. A veces la primera conversación que tenés que tener no es con el mundo, sino con vos mismo. Y para eso estoy.

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Por Sandra Marcela Almazán — Terapeuta Transpersonal. +20 años de experiencia en procesos de sanación individual y colectiva.