Peregrinación a Luján: el lado B de caminar 60 kilómetros bajo la lluvia

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

Peregrinación a Luján: el lado B de caminar 60 kilómetros bajo la lluvia

Este fin de semana, miles de personas caminaron sesenta kilómetros desde Liniers hasta la Basílica de Luján. Llueva, haga frío, les duela todo. Y si uno mira solo la superficie, parece un acto religioso más. Pero como terapeuta, cuando veo a esa multitud avanzando de noche, veo algo que me interesa mucho más: veo a gente que necesitaba caminar.

Permitime leerte el lado B de la peregrinación. Porque debajo de la fe hay algo profundamente humano, y bastante terapéutico.

Caminar es la forma más vieja de pensar

Antes de las terapias, de los libros y de las pantallas, el ser humano pensaba caminando. El cuerpo en movimiento ordena la cabeza. Por eso las ideas claras aparecen en la vereda y no en el sillón. Cuando caminás horas, el ritmo de los pasos le pone música a los pensamientos y, sin que lo decidas, empiezan a acomodarse las cosas.

Sesenta kilómetros no son una metáfora: son seis, siete, ocho horas de contacto con tu propio cuerpo. Ahí no hay manera de escaparse. Y eso, para muchas personas, es lo único que se parece a estar consigo mismas en todo el año.

El lado B: por qué la gente camina

Si le preguntás a cada peregrino, vas a escuchar historias que no son ninguna fiesta:

El dolor no se va por caminar. Pero caminar le da un lugar. Y eso ya es terapéutico: lo que se puede sostener en el cuerpo, deja de necesitar salir por la ansiedad.

Nadie sana de verdad en soledad. Buena parte de lo que nos enferma es el aislamiento, y lo que nos sana es sentir que no estamos solas.

El ritual y la comunidad: dos remedios que no se venden en farmacias

Vivimos en una cultura que desprecia los rituales y la comunidad, y después se sorprende de la epidemia de ansiedad y de soledad. La peregrinación es lo contrario: un ritual con cuerpo, con otros, con sentido.

Tres cosas que hace un ritual y que ninguna app puede reemplazar:

El lema de este año lo dice mejor que yo: «Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos». Ahí está todo. Reconocerse. Pertenecer. Saberse parte.

Qué hacer si vos también sentís que tenés que caminar algo

No hace falta ir a Luján ni hacer sesenta kilómetros. La pregunta que te dejo es otra: ¿qué estás cargando que necesita ser llevado, y con quién?

Podés empezar por tres gestos simples:

La fe, el cuerpo y la comunidad son tres puertas viejas que siguen funcionando. No hace falta ser creyente para aprovecharlas. Hace falta animarse a caminar.

Artículos relacionados

¿Querés empezar?

Si sentís que es tu momento, podés pedir un turno en el consultorio. Te acompaño presencial o por Zoom.

← Volver a Mi Revista

✆