Perdí a mi mamá: cómo atravesar el duelo por la muerte de una madre

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

Perder a tu mamá no es perder a alguien: es perder el piso. Aunque tuvieras una relación difícil, aunque ya no vivieran juntas, la muerte de una madre te deja huérfana de una manera que recién entendés con el cuerpo. Y nadie te prepara para eso.

El duelo por la muerte de una madre es uno de los más profundos que existen, porque con ella se va una parte de tu historia, tu origen y tu manera de estar en el mundo. Este artículo es para acompañarte en esos días en que todo pesa y no sabés cómo seguir.

Por qué duele tanto perder a una madre

La madre es, para bien o para mal, el primer vínculo. Es quien te nombró, quien te sostuvo, quien te enseñó cómo se ama (o cómo no). Cuando muere, no se va solo una persona: se va el testigo de tu vida entera. Ya no hay nadie que recuerde la nena que fuiste.

Y si la relación era complicada, el dolor se mezcla con culpa, con rabia, con todo lo que quedó sin decir. Eso no te hace mala hija: te hace humana. Los duelos con historias difíciles son más largos, porque hay que llorar la pérdida y también lo que nunca fue.

Lo que se siente en los primeros meses

Todo eso es normal. El duelo no sigue un manual y no respeta fechas.

Sanar a tu mamá no es dejar de extrañarla. Es aprender a llevarla adentro, en otra forma.

Qué te ayuda de verdad

Permitirte el llanto y la calma

No hay que "ser fuerte" ni dar el ejemplo. Si te sale llorar, llorá. Si un día estás en paz, permitilo sin culpa. El duelo no es lineal: vas y volvés, y está bien.

Cuidar el cuerpo, aunque no tengas ganas

Comer algo aunque no tengas hambre. Tomar agua. Salir a caminar. El cuerpo sostiene al alma, y en el duelo el cuerpo se agota. Si no podés dormir o te sentís muy mal, pedí ayuda concreta a alguien.

Rituales para despedirla

Escribirle una carta. Ponerle una flor. Rezarle el rosario, si sos creyente. Cocinar su receta. Hablarle en voz alta. Los rituales no son locura: son la manera que tiene el alma de entender lo que la cabeza todavía niega.

El duelo de una madre en clave transpersonal

Desde una mirada transpersonal, la relación con tu mamá no empieza ni termina en esta vida. Con ella llegan también los dolores no resueltos de las mujeres que vinieron antes: abuelas, bisabuelas, mujeres que callaron. A veces el duelo por tu madre es también el duelo por todas ellas.

Mirar esa cadena no es culpar a nadie. Es entender de dónde venís y animarte a que el dolor se corte en vos, para que no siga pasando de generación en generación.

Cuándo pedir ayuda

Si pasaron meses y no encontrás alivio en ningún lado, si te cuesta funcionar, si sentís que la vida perdió sentido o si el dolor te paraliza, es momento de acompañarte con ayuda profesional. No porque estés débil, sino porque un duelo así es demasiado grande para cargarlo sola.

Un acompañamiento terapéutico transpersonal no te apura ni te dice cómo tenés que sentir. Te sostiene mientras encontrás tu propia manera de seguir viviendo con ella adentro.

Seguir sin dejarla ir

Con el tiempo, el dolor no desaparece: se transforma. Un día vas a hablar de ella sin que se te rompa la voz, vas a reírte de algo que decía, y esa risa va a ser la forma más linda de que siga viva en vos. No hay que soltarla. Hay que aprender a amarla distinto.

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Si perdiste a tu mamá y sentís que no podés sola, agendá una consulta y lo transitamos juntas.

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