Messi juega su último partido en el Monumental: el lado B de llorar en multitud
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·
Hoy Argentina entera se acomoda frente a una pantalla o en el Monumental para ver a Messi con la camiseta de la Selección por última vez. Y aunque a algunos les parezca exagerado, llorar la despedida de un ídolo no es una tontería: es una de las pocas formas que tenemos de hacer un duelo en comunidad.
Pensalo un segundo. Se va alguien que no te conoce, que no te debe nada, que probablemente nunca va a saber que existís. Y sin embargo algo se te mueve adentro. ¿Por qué? Porque los ídolos no son solo futbolistas: son el dibujo donde proyectamos nuestra propia historia.
Por qué lloramos a alguien que no conocemos
Messi creció con nosotros. Lo vimos pibe, lo vimos sufrir, lo vimos perder finales que dolían, lo vimos levantar la copa después de años de espera. En cada uno de esos momentos, algo nuestro creció también. Verlo retirarse es como cerrar un capítulo que no era solo de él.
El ídolo como espejo
Cuando alguien nos representa, lo que amamos no es solo su talento: es lo que nos devuelve de nosotros mismos. La perseverancia. Las ganas de no rendirnos. La idea de que un pibe de barrio puede llegar. Su despedida toca esas partes nuestras, y por eso duele más de lo que parece razonable.
El duelo colectivo: qué es y por qué alivia
Hay dolores que se hacen en soledad y otros que necesitan multitud. El duelo colectivo es eso: un grupo grande que siente lo mismo al mismo tiempo y lo expresa junto. No es histeria ni fanatismo. Es una función antiquísima de las comunidades humanas: llorar juntos para no sentirse solos en lo que se siente.
Cantar en el estadio, abrazarse con un desconocido, llorar mirando una cancha: eso también es salud mental.
Por eso los rituales funcionan. El minuto de silencio, el aplauso, el canto compartido. Cuando la emoción se expresa en comunidad, el cuerpo la procesa de otra manera. Se alivia la sensación de que lo que sentís es raro o exagerado.
Lo que esta despedida te dice de tus propios finales
Aprovechá la excusa. Porque mientras llorás a Messi, hay finales tuyos que tal vez nunca lloraste. Un trabajo que dejaste. Una amistad que se apagó sin decirse nada. Una relación que terminó y que "superaste" sin haberla llorado de verdad.
Los finales que sí se despiden y los que no
Messi se despide en una cancha llena, con aplausos, con un país mirando. Vos también merecés despedir tus finales de alguna manera. No todos los cierres son tristes: algunos son necesarios para que algo nuevo empiece.
Cómo acompañar la emoción (sin minimizarla)
- Permitite sentir sin juzgarte: si te emociona, te emociona.
- Aprovechá para nombrar qué se te moviliza de tu propia vida.
- Compartilo con alguien: contar lo que sentís ordena lo que sentís.
- No te exijas "ya está, es un partido": para vos puede significar más.
El lado B del último partido
Hoy se va un jugador. Pero también se va una etapa, un modo de mirar el fútbol, un tiempo de tu vida. Y está bien ponerle palabras, mirarlo con cariño y agradecer. Los duelos colectivos nos recuerdan algo importante: no estamos solos en lo que sentimos, y eso, en un país que a veces olvida cuidarse, es una forma de ternura.
Si sentís que hay despedidas tuyas que quedaron sin cerrar, quizás sea momento de mirarlas con ayuda. En el consultorio podemos hacer ese trabajo juntas.