La despedida de Messi de la Selección: el lado B de los finales anunciados
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026
Las entradas se agotaron en menos de dos horas. La despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina se convirtió, otra vez, en un acontecimiento colectivo: millones de personas queriendo estar ahí para ver, en vivo, el final de algo que nos acompañó casi toda la vida.
Y mientras el país habla de fútbol, yo te propongo mirar el lado B: por qué nos duele tanto una despedida que sabíamos que iba a llegar.
Por qué nos duele la despedida de un ídolo
Messi no es solo un jugador. Es la época en la que tenías veinte años. Es la casa donde mirabas los partidos con alguien que ya no está. Es el grupo de amigos que se armaba alrededor de la tele. Es, también, la última vez que lloraste abrazada a alguien sin pensar en nada más.
Cuando se va un ídolo, no se va solo él. Se va el escenario donde pasaba tu vida. Por eso el duelo es real, aunque parezca exagerado llorar por un deportista que no conocés personalmente. Se llama duelo simbólico, y es profundamente humano.
Duelo anticipado: llorar antes de que pase
Lo interesante de esta despedida es que ya sabemos el final. Eso tiene un nombre: duelo anticipado. Lo vivimos cuando un familiar se enferma, cuando un hijo se va de casa, cuando un vínculo se está terminando pero todavía nadie lo dice.
El duelo anticipado tiene una trampa: nos hace estar presentes a medias. Estás en el estadio, pero pensando en que se va. Estás con tu pareja, pero imaginando la separación. El futuro te roba el presente.
La salida no es dejar de sentir. Es volver al partido que se está jugando ahora.
Lo que proyectamos en los finales ajenos
Cada vez que un ídolo se retira, algo se retira dentro nuestro. Estos son los finales propios que suelen despertar estas noticias:
- El final de una etapa que ya no podés seguir sosteniendo, aunque no te animés a nombrarla.
- La edad y el duelo por la juventud que no vuelve.
- Un vínculo que sabés que está terminando y todavía no hablaste.
- Un sueño que hay que soltar porque la vida tomó otro camino.
- La sensación de «ya no hay tiempo», que aparece cada vez que alguien cercano en edad cierra un ciclo.
Cuando llorás por Messi, probablemente también estés llorando por algo tuyo. Y está bien: el deporte nos da permiso para emocionarnos donde otras veces no nos lo damos.
Cómo atravesar tus propios finales
- Nombrá lo que termina. Lo que no se nombra no se puede despedir. Decilo en voz alta, aunque duela.
- Permitite el duelo antes del final. No esperes al último día para agradecer y despedirte.
- Celebrá lo que fue, no solo lo que se va. El agradecimiento no niega el dolor: lo acompaña.
- No le pidas a un cierre que te devuelva la calma al instante. Los cierres abren, no llenan.
- Buscá con quién atravesarlo. El duelo compartido se sostiene mejor que el solitario.
Hay algo hermoso en esta despedida: nos recuerda que todo lo que amamos tiene fecha de salida, y que eso no le quita valor. Se lo agrega. Porque lo que se termina, se termina justamente porque empezó, y empezar es un acto de valentía que se repite todas las veces que la vida nos pide otro comienzo.
Artículos relacionados
- Detrás de cada leona hay una leona mayor
- Final de Gran Hermano: el lado B de los 30 millones de votos
- La primavera no empieza el 21
Si estás atravesando un final y no sabés cómo soltarlo, podés agendar una consulta en el consultorio y hacerlo acompañada.