Malvinas: el lado B de las causas que no se cierran
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026
Malvinas: el lado B de las causas que no se cierran
Esta semana Malvinas volvió a sonar fuerte: arbitraje, notificación, reclamo. Más allá de la posición de cada uno, hay algo que le pasa al cuerpo colectivo cada vez que el tema reaparece: orgullo, bronca y una tristeza vieja que no termina de acomodarse.
De eso quiero hablar hoy. No de geopolítica. Del lado B: qué nos pasa emocionalmente con las causas que no se cierran.
Lo que no se cierra, se carga
Ninguna comunidad sostiene durante décadas un reclamo sin que eso deje huella. Y no hablo solo del reclamo: hablo de la espera. La espera larga, sin fecha, sin final visible, es una de las formas más silenciosas de desgaste emocional que existen.
Lo mismo pasa en la vida personal. Hay duelos que tienen fecha y ritual: alguien se muere, se entierra, se llora, se recuerda. Y hay duelos que no tienen ni fecha ni ritual, porque lo que se perdió sigue ahí, presente pero irresuelto. Un padre que se fue y nunca volvió a llamar. Una causa judicial que duerme años. Un vínculo que nadie cerró con palabras.
El duelo sin cierre se vive en el cuerpo
- Hipervigilancia. Estar atenta a cualquier señal de que «algo va a pasar».
- Bronca que no encuentra a quién. Rabia difusa que se descarga en el tránsito, en la familia, en una misma.
- Cansancio de fondo. Como si una parte tuya estuviera siempre trabajando en algo que no depende de vos.
- Orgullo como escudo. Defender la causa con tanta fuerza que ya no se puede dejar entrar nada más.
No todo lo que se sostiene se resuelve. Pero todo lo que se sostiene sin nombre, se somatiza.
Cerrar no es olvidar, ni entregar
Acá aparece el malentendido central. Muchas personas creen que cerrar un duelo pendiente significa perdonar, olvidar o dar el brazo a torcer. Nada de eso.
Cerrar significa dejar de sostener lo que ya no te sostiene a vos. Se puede seguir recordando, seguir reclamando justicia, seguir defendiendo lo que te importa, y al mismo tiempo dejar de vivir en estado de alerta permanente.
En las constelaciones familiares aparece una imagen muy clara: cuando alguien de la familia sostiene sola un destino que no es suyo, se enferma. La lealtad sin límite no honra a nadie, agota.
Qué podemos hacer con lo pendiente
Nombrar lo que esperás
Escribilo. «Espero que se haga justicia.» «Espero que él me llame.» «Espero que alguien reconozca lo que hice.» Lo que no se nombra, gobierna.
Separar el reclamo legítimo del desgaste personal
Podés seguir luchando por una causa y, al mismo tiempo, decidir no levantarte todos los días con ese peso puesto. Una cosa es la causa, otra es tu vida.
Dar lugar al dolor, no solo a la bronca
La bronca es más fácil de sostener que la tristeza, porque da energía. Pero cuando la tristeza no tiene espacio, la bronca se vuelve permanente.
Construir un ritual propio
Podés escribir una carta que no vas a enviar, encender una vela, hablar con alguien. Es lo que le damos a las pérdidas para que dejen de moverse.
Lo colectivo también se elabora
Cada vez que un tema como Malvinas vuelve a los titulares, se abre una oportunidad: la de hacer duelo en conjunto, con otros. Los duelos colectivos necesitan relato, memoria y encuentro. Sin eso, quedan en el aire y los cargamos solas, cada una en su casa.
Si algo de lo que leíste te resuena en tu historia personal, no lo dejes sin nombre. Los duelos que no se nombran no desaparecen: se heredan.
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