Encontraron lingotes de oro en un inodoro: el lado B del tesoro que no ves

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

La noticia dio la vuelta al país: buscaban a un hombre desaparecido en Santa Cruz y, en medio del operativo, encontraron cuatro lingotes de oro escondidos en el tanque de un inodoro. Insólito, sí. Pero cuando la leí me quedé pensando en otra cosa: en lo que esa imagen dice de nosotras.

Lo que buscábamos y lo que encontramos

Fijate la escena: alguien busca a una persona y aparece un tesoro en el lugar más impensado de la casa, el más bajo, el que nadie mira. No en la caja fuerte, no detrás de un cuadro, no bajo el colchón. En el rinconcito que todos usamos y nadie ve.

La vida funciona bastante así. Buscamos una cosa y aparece otra. Salimos a resolver un problema y se nos revela, de golpe, algo que estaba escondido en el último lugar donde hubiéramos mirado.

El oro como símbolo

El oro no es solo dinero. En el lenguaje de los símbolos es lo valioso, lo que no se oxida, lo que resiste. Los alquimistas lo llamaban el resultado de la obra: transformar el plomo pesado de la propia vida en algo luminoso. Y para Jung, ese oro es el tesoro interior, lo que cada persona es en su versión más plena.

¿Dónde suele estar escondido? En lo que no queremos mirar. En la parte de nosotros que tapamos: el enojo, el deseo, el talento que no nos animamos a mostrar, la verdad que venimos postergando.

Lavar y esconder: los dos verbos de la misma trampa. Limpiamos por fuera lo que no queremos ver por dentro.

Buscamos el tesoro en el lugar equivocado

Nos pasa todo el tiempo. Buscamos el oro afuera: en un trabajo, en una pareja, en la aprobación de alguien, en una vida que se ve mejor desde lejos. Y en ese ir hacia afuera nos olvidamos de mirar adentro. Como el operativo de Santa Cruz: tanto buscando al que falta, que el tesoro apareció solo, de costado.

Hay algo doloroso y a la vez liberador en esto: lo que más deseás no está en otro lado. Está en el rinconcito de tu propia vida donde nunca te animaste a mirar.

La sombra es el tesoro

En mi trabajo veo esto constantemente. La mujer que se queja de que su pareja no la ve, y que en realidad no se ve a sí misma. La que cree que le falta algo y lo que le falta es habitar lo que ya es. La que esconde bajo la sonrisa un enojo viejo, y no sabe que ese enojo tiene la energía que le falta para poner un límite.

Lo que escondemos no es basura: es mineral. Está ahí, tapado, en el lugar más impensado, esperando que alguien lo descubra. Y ese alguien sos vos.

Tres preguntas para encontrar tu lingote

El tesoro no se encuentra: se reconoce

Quizás la noticia te parezca solo un hecho policial. Pero la vida tiene una manera muy literaria de decirnos las cosas. Cuatro lingotes de oro en un inodoro: una invitación a preguntarte qué estás escondiendo sin darte cuenta, y qué pasaría si, en vez de seguir buscando afuera, te animás a abrir ese tanque.

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¿Dónde estará tu tesoro escondido, en qué rinconcito de tu vida que nunca mirás? En mi consultorio lo buscamos juntas. Te espero.

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