Francia superó los 43 grados. España, Italia, el Reino Unido arden. Hay muertos. Hay turistas que escaparon del calor metiéndose en ríos y lagos y no salieron. Y vos, acá en Argentina, levantás la ceja, mirás la noticia en el celular, scrolleás y pasás a ver memes del Mundial. Es perfectamente humano. Pero hay algo que no estás viendo.
Hay una pregunta que nadie está haciendo en los noticieros: ¿qué le pasa a tu psiquis cuando el planeta entero se convierte en un horno? No hablo del cuerpo. Hablo del alma.
Se llama ecoansiedad y es el malestar crónico que sentís —aunque no lo identifiques— cuando ves que el mundo natural colapsa. No hace falta que estés en Francia. Te alcanza con ver las imágenes. Te alcanza con sentir que algo, en el fondo, no cierra. Ese ruido blanco de fondo que tenés hace años. Eso es ecoansiedad.
Y no, no es una pavada. La American Psychological Association la reconoce como un fenómeno clínico real. No es un trastorno: es una respuesta sana a un contexto enfermo.
Cuando la realidad duele, la psiquis se protege. Niega. Minimiza. Hace chistes. Mira para otro lado. No es maldad, no es estupidez. Es un mecanismo de supervivencia emocional que conocés muy bien si alguna vez atravesaste un duelo.
Porque de eso se trata: estamos en duelo. Duelo por un planeta que ya no es el que nos prometieron. Duelo por las especies que desaparecen mientras vos leés esto. Duelo por el futuro que imaginaste para tus hijos y que hoy es una incógnita.
Elisabeth Kübler-Ross identificó cinco etapas del duelo. Adiviná en cuál está gran parte de la humanidad ahora mismo: negación. Decimos «bueno, siempre hizo calor en verano». Decimos «la tecnología lo va a resolver». Negamos porque aceptar sería demasiado.
«La negación colectiva no es un déficit moral. Es la respuesta automática de una especie que no fue diseñada para procesar la muerte de su propio hábitat.»
En el consultorio veo algo que se repite: pacientes que llegan con insomnio, irritabilidad, ataques de pánico, sensación de vacío. Hacés la anamnesis y no hay un evento traumático puntual. Pero cuando indagás más profundo, aparece una sensación difusa de que «algo está muy mal allá afuera».
Eso que sentís tiene nombre: duelo ecológico no procesado. Y no lo procesaste porque nadie te enseñó que eso se podía llorar.
La psicología transpersonal entiende algo que la psicología tradicional tardó en aceptar: vos no terminás en tu piel. Tu conciencia está entrelazada con la red de la vida. Cuando el bosque arde, algo en vos arde. Cuando el río se seca, algo en vos se seca. No es metáfora. Es neurobiología, es campo mórfico, es interdependencia real.
Carl Jung hablaba del inconsciente colectivo. Hoy podríamos hablar de un sistema nervioso planetario del que sos una terminal. Lo que pasa en Francia repercute en tu campo emocional, lo sepas o no.
Reciclar está bien. Pero no alcanza. Lo que necesitás es un abordaje interno:
No estás roto por sentirte así. Estás despierto. La verdadera locura no es angustiarse por un planeta en llamas; la verdadera locura es seguir como si nada pasara.
Si este texto te movió algo, no lo guardes. El consultorio está abierto. Porque a veces no necesitás que te digan que todo va a estar bien. Necesitás que te acompañen a sentir lo que hay que sentir para después, recién después, salir a hacer algo con eso.
Por Sandra Marcela Almazán — Terapeuta Transpersonal. Más de 15 años acompañando procesos de despertar.