Día de la Identidad Villera: el lado B de saber de dónde venís
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·
Cada 7 de octubre, en Argentina, se conmemora el Día de la Identidad Villera, en homenaje al nacimiento del padre Carlos Mugica. Suena a efeméride, a dato de calendario. Pero detrás de ese día hay algo que nos toca a todos: la pregunta por el origen. De dónde venís y si eso te enorgullece o te avergüenza.
Hoy las redes hablan de la despedida de Messi, del partido, de los memes. Nosotros te proponemos otra lectura: el lado B de este 7 de octubre. Porque la identidad villera no es solo una cuestión de barrio: es una manera de pararse en el mundo sabiendo quién sos y de dónde salís.
Qué es la identidad villera
La identidad villera es el orgullo de pertenecer a un barrio popular, a una historia de esfuerzo, a una comunidad que se sostiene entre vecinos. Es saber que el valor de una persona no depende de su código postal, ni de su apellido, ni de la ropa que usa.
La fecha recuerda al padre Carlos Mugica, que eligió vivir y morir entre los pobres, y que hablaba de una dignidad que no se negocia. Su mensaje sigue vigente: nadie es menos por venir de donde viene.
El lado B: el origen como herida
Pero hablemos de lo que nadie dice. A mucha gente, su origen no le da orgullo: le da vergüenza. Vergüenza del barrio, del acento, de la casa humilde, de la escuela pública, de la ropa, del apellido. Y esa vergüenza, cuando se instala de chica, se convierte en una herida silenciosa que nos acompaña toda la vida.
Crecer creyendo que hay que disimular de dónde venís deja marcas. Te volvés experta en esconderte, en imitar, en pertenecer a lugares que no te pertenecen. Y por más que llegues lejos, por dentro queda la sensación de que en cualquier momento te van a descubrir.
El problema nunca fue el barrio. El problema fue que alguien te hizo creer que tu origen era una falla.
Cómo se manifiesta esa vergüenza
- Te cuesta decir dónde vivís o dónde estudiaste.
- Cambiás tu forma de hablar según con quién estés.
- Sientes que tenés que esforzarte el doble para que te respeten.
- Te da miedo que te vean "como sos" de verdad.
- Te comparás con gente que tuvo lo que a vos te faltó.
- Triunfás, pero por dentro no te lo crees del todo.
Nada de esto es casual. Es el resultado de un sistema que jerarquiza a las personas por lo que tienen, no por lo que son. Y de familias que, sin querer, transmiten la vergüenza de generación en generación.
Lo que la identidad villera te enseña
La pertenencia no se compra
Hay personas que crecieron con todo y no pertenecen a ningún lado. Y hay pibes de barrio que saben perfectamente de dónde vienen y por eso pueden ir a cualquier lugar. La pertenencia no se compra: se hereda, se construye, se elige. Y cuando la tenés clara, sos libre.
El origen no te limita: te ubica
Saber de dónde venís no es quedarte ahí. Es tener un piso firme para pararte. Los que reniegan de su origen suelen vivir corriendo de algo. Los que lo abrazan, caminan hacia algo.
La dignidad no depende del código postal
Ese es el corazón del mensaje de Mugica y de este día. Tu valor no lo determina el barrio donde naciste. Lo determina lo que sos, lo que elegís y cómo tratás a los demás.
La identidad como trabajo interior
Desde una mirada transpersonal, reconstruir la identidad es uno de los trabajos más profundos que existen. Porque cuando una persona empieza a sanar su historia, no sana solo su presente: sana la historia de su familia, de sus padres, de sus abuelos. Lo que vos mirás, tus hijos ya no lo cargan igual.
Abrazar de dónde venís no es conformarte. Es dejar de gastar energía en esconder quién sos, para poder usarla en construir lo que querés. Es pasar de la vergüenza al orgullo, del disimulo a la libertad.
Una invitación para hoy
Hoy, 7 de octubre, te proponemos un ejercicio simple: nombrá en voz alta de dónde venís, sin bajar la voz. Contá tu historia a alguien sin pedir perdón. Reconocé a la gente y los lugares que te hicieron. Porque tu origen no es tu vergüenza: es tu raíz. Y las raíces, bien cuidadas, sostienen árboles enormes.
Si sentís que arrastrás una vergüenza vieja por tu historia, que te cuesta reconocerte o que estás en plena reconstrucción de quién sos, no lo hagas sola.
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