Detrás de cada leona hay una leona mayor

Paro y marcha universitaria: el lado B de preguntarse para qué estudiar
18/09/2026
El día que le planté la mesa al cirujano
19/09/2026

Detrás de cada leona hay una leona mayor

El 29 de agosto de 2026, Las Leonas se consagraron campeonas del mundo. Le ganaron a Países Bajos —la potencia histórica del hockey femenino— y lo hicieron desde el punto de penales, con el corazón en la mano.

Y estos días siguen jugando: los Juegos Suramericanos, acá nomás, en Santa Fe.

Todo el país habla de ellas. Y hay algo que quiero contarles, porque casi no se dice.

Lo que se ve y lo que no se ve

Se ve el gol. Se ve la medalla. Se ve a las once jugadoras abrazadas en el medio de la cancha.

Lo que no se ve es de dónde viene cada una: de un club de barrio, de una cancha de agua que se riega a las seis de la mañana, de un pueblo del interior. Moreno, Río Cuarto, Tucumán.

Y tampoco se ve a la mujer que la llevó hasta ahí.

La leona no es la reina de adorno

Hay un malentendido con las leonas, y es culpa de las películas. Nos enseñaron que la leona espera.

Es al revés.

La leona caza. En la manada, la que sale a buscar la comida es ella. No espera a que le sirvan: sale y lo trae.

La leona defiende el territorio. Cuando ruge, no está asustando a nadie: está diciendo «hasta acá».

La leona caza en manada. No es una heroína sola: es coordinación. Es una que corre para que la otra tenga el ángulo. (¿Te suena? Es el hockey.)

Y la leona no pide permiso. Se juega el cuerpo, se levanta con la cara sucia, y vuelve con la presa.

El hockey es un deporte de territorio

El hockey no se juega en cualquier lado: se juega en el club.

Y el club es territorio: tiene nombre, colores, historia y gente. En cada pueblo de este país hay uno, y adentro hay una nena con un palo más grande que ella.

En la cancha, el juego es exactamente eso: defender tu círculo y entrar al del otro. El espacio se disputa. La bocha va y viene sobre el campo, y el que sostiene la posición, gana.

En palabras simples: es un deporte donde se aprende, desde chica, que el lugar propio se defiende.

Y ahora lo que no se dice nunca

Detrás de cada una de esas jugadoras hay una leona mayor.

Es la que la llevó a entrenar cuando todavía no amanecía. La que le cosió la pollera. La que pagó los viajes que no podía pagar. La que esperó en una tribuna con frío durante años, sin que nadie le diera una medalla.

La que sostuvo la manada mientras la leona salía a cazar.

Porque eso también lo hacen las leonas: cuidan a las crías, alimentan a las viejas y no dejan a ninguna atrás. La leona no es solo la que caza — es la que sostiene.

La otra selección

Y mientras todo el país aplaude a las campeonas, hay otra selección jugando en este mismo momento, sin tribuna y sin cámaras.

Las mujeres leonas.

Es leona la que se levanta antes que todos y vuelve cuando ya es de noche. Es leona la que crió sola —y encima se rebuscó— sin que nadie le reconociera el partido. Es leona la que cuidó a sus padres cuando se dieron vuelta los roles. Es leona la que empezó de nuevo a los cincuenta, sin permiso de nadie. Y es leona la que dijo «hasta acá» cuando ya no daba más.

Ninguna de ellas sale en la tele. Pero juegan todos los días, y ganan.

Tu cancha

Si estás leyendo esto y algo se te movió adentro, es porque te reconociste.

No hace falta ganar un mundial para ser leona. Tu cancha es tu casa. Tu trabajo. Tu historia. Tu segundo comienzo.

Y ya estás jugando — desde hace años, y sin público.

Lo único que te falta no es fuerza, ni coraje, ni aguante. Tenés todo eso de sobra.

Una última cosa

Las Leonas van a levantar la copa, y está bien: se lo ganaron con el cuerpo y con años.

Pero que esta vez sirva para algo más que el aplauso de una semana.

Que sirva para que todas las mujeres que sostienen algo —una casa, un hijo, un negocio, una madre enferma, una vida entera— se miren una vez al espejo y se digan lo que nadie les dijo:

«Sos una leona. Y ninguna leona caza sola.»

Y que sirva, también, para que miremos a las madres que están en la tribuna. Porque acá está la verdad de esta historia:

Detrás de cada leona hay una leona mayor. Y ninguna medalla se gana sin una manada.

Marcela Almazán — Arquitectura de Identidad