Brasil, primera vuelta y balotaje: el lado B de la polarización que también vive en vos
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·
Brasil quedó partido en dos: Flavio Bolsonaro se impuso sobre Lula en la primera vuelta y la definición va a balotaje el 25 de octubre. Mientras el mundo mira los números, hay algo que casi nadie nombra: lo que la polarización le hace a la cabeza de la gente común.
No voy a hablarte de política partidaria. Voy a hablarte de lo que pasa adentro de una persona cuando todo se vuelve "nosotros contra ellos". Porque eso, que parece lejano, es exactamente lo que muchas vivimos en casa, en el trabajo y en la familia.
La grieta no es solo un fenómeno de afuera
Cuando un país se polariza, cada uno empieza a mirar al que piensa distinto como un enemigo. Y eso no es solo un tema de redes sociales: es un fenómeno emocional. La polarización da certezas. Alguien a quien culpar. Un bando al que pertenecer. En un mundo que se siente incierto, tener un "enemigo" común calma la ansiedad. Por un rato.
Pero esa calma tiene un precio: se pierde la capacidad de ver matices. Y los matices son justamente lo que sostiene una cabeza sana.
Lo que le pasa a tu sistema nervioso en la grieta
Pelear todo el tiempo —en los comentarios, en la mesa del domingo, en el grupo de WhatsApp— mantiene a tu cuerpo en alerta. El cuerpo no distingue entre un peligro real y una discusión virtual: libera la misma adrenalina, tensa los mismos músculos, te deja el mismo nudo en el estómago.
Y así hay gente que se despierta cansada, irritada, sin poder dormir, y no entiende por qué. No es solo el trabajo. Es que está viviendo en modo guerra. La polarización, cuando se vuelve identidad, se vuelve agotamiento.
La pregunta que te devuelve el eje
Cada vez que sientas esa necesidad de ganar una discusión, de dejar el último comentario, de "hacerle entender" al otro, podés preguntarte algo simple: ¿qué me está doliendo de verdad?
Casi nunca la respuesta es el tema del que se discute. Es el miedo a que el mundo se desordene, a que mi esfuerzo no sirva, a que mi futuro no dependa de mí. La grieta es una pantalla donde proyectamos nuestros miedos más íntimos.
Qué hacer con esa carga
- Elegí tus batallas. No todo merece respuesta. Callar no es perder.
- Volvé al cuerpo. Caminar, respirar, cocinar, tocar tierra. Lo que baja la activación no es tener razón: es bajar las revoluciones.
- Buscá personas reales. Un vínculo cara a cara desarma más polarización que mil posteos.
- Preguntate cuánto de esta pelea es de hoy y cuánto es viejo. Muchas veces la rabia política es la rabia que no pudimos poner en otro lado.
El otro como espejo
Lo más incómodo de la polarización es que el que está enfrente suele mostrarme algo que no quiero ver de mí. La soberbia, la necesidad de tener razón, el miedo a perder lo mío. Cuando podés mirar eso sin pelear, deja de hacer falta ganarle a nadie.
Una sociedad dividida es una sociedad cansada. Y una persona dividida por dentro —entre lo que siente y lo que muestra, entre su bando y su verdad— también. La salida no es que todos pensemos igual. Es que cada uno pueda volver a mirar al otro como alguien, y no como un enemigo.
No se sana una grieta con más gritos. Se sana cuando alguien se anima a bajar la voz.
Si sentís que la ansiedad de estos tiempos te está ganando, en el consultorio trabajamos justamente esto: separar lo que es del mundo de lo que es tuyo, y volver a ordenarte por dentro.
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