Cuando tiembla afuera y también adentro: el terremoto que te sacude el alma

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Cuando tiembla afuera y también adentro: el terremoto que te sacude el alma

Cuando tiembla afuera y también adentro: el terremoto que te sacude el alma

Un temblor de 7.4 grados. Ciento treinta y dos vidas que se apagaron en segundos. Ciudades enteras en alerta roja. El lunes 10 de agosto de 2026, la tierra se movió en Colombia y también se nos movió algo adentro, aunque estemos a miles de kilómetros. Porque hay sacudones que no registran los sismógrafos. Y de esos, casi nadie está hablando.

¿Qué sentiste cuando viste las imágenes de Pereira, de Cali, de Quibdó? ¿Ese nudo en la garganta? ¿Esa angustia difusa que no sabías muy bien dónde ubicar? No es casual. No estás «exagerando». Estás experimentando lo que en terapia transpersonal llamamos resonancia empática colectiva: cuando el dolor del otro —aunque sea lejano— activa tu propio mapa de vulnerabilidades.

El espejo incómodo: ¿y si me pasa a mí?

Todos tenemos un pacto silencioso con la estabilidad. Damos por sentado que el piso no se va a mover, que mañana va a ser más o menos como hoy, que podemos planificar las vacaciones o la compra del súper sin que un cataclismo nos interrumpa el libreto. El terremoto de Colombia nos recuerda, con una brutalidad que preferiríamos ignorar, que ese pacto es una ilusión. Y las ilusiones, cuando se rompen, duelen.

En el consultorio veo esto todo el tiempo: pacientes que llegan con síntomas que no saben nombrar después de una noticia fuerte. Insomnio. Irritabilidad. Esa sensación rara en el pecho que no es tristeza pero tampoco es nada. Lo que están procesando —sin saberlo— es el duelo por la certeza. El duelo de entender que somos frágiles, que el control es un cuento hermoso que nos contamos para dormir tranquilos.

El duelo que no nos permitimos sentir

Hay una frase que escucho mucho: «¿cómo voy a estar mal yo, si el terremoto fue en otro país?». Como si el corazón tuviera fronteras. Como si la empatía necesitara pasaporte. Esa autoexigencia de no sentir —o de sentir «lo correcto»— es una de las formas más elegantes que tiene el ego de boicotearnos.

Desde la mirada transpersonal, cada desastre colectivo activa lo que llamamos campos de memoria compartida. No importa si nunca viviste un sismo: tu psiquismo reconoce el patrón del desamparo porque está inscripto en nuestra historia como especie. Huir, protegernos, llorar a los que ya no están: todo eso vive en vos, aunque no tengas un recuerdo biográfico que lo explique.

«Lo que no se siente, se almacena. Y lo que se almacena sin procesar, tarde o temprano te pasa factura.»

Qué hacer con lo que te movió por dentro

Primero: no te juzgues. Si las noticias te dejaron raro, es porque estás vivo. Funcionás. Tu sistema empático está intacto. Eso no es debilidad, es sensibilidad. Y en este mundo anestesiado, la sensibilidad es un superpoder.

Segundo: nombralo. Decí «esto me angustia», «tengo miedo», «me siento vulnerable». No lo maquilles con ironía ni lo empaches con productividad. La palabra saca al fantasma de adentro y lo pone enfrente, donde podés mirarlo.

Tercero: hacé algo con esa energía. La angustia paraliza cuando no tiene cauce. Si te quedó un resto de dolor por lo que pasó en Colombia, transformalo en acción: una oración, un minuto de silencio, una donación, una conversación honesta con tus hijos sobre lo frágil que es la vida. El movimiento —físico o simbólico— desatasca la emoción estancada.

La tierra tiembla, el espíritu responde

Hay algo profundamente transpersonal en los terremotos. Nos recuerdan que pertenecemos a un planeta vivo, que la Tierra respira, se estira, se acomoda. Y que nosotros, con toda nuestra tecnología y nuestro ego inflado, seguimos siendo huéspedes temporales en una casa que no controlamos.

Aceptar eso no es entregarse al miedo. Es reconciliarse con lo real. Es dejar de pelear contra la incertidumbre y empezar a habitarla con los ojos abiertos y el corazón dispuesto. Porque cuando soltás la ilusión de que todo debería ser estable, ganás algo mucho más valioso: la capacidad de estar presente. De abrazar sin garantías. De vivir sin tantos prórrogos.

El terremoto pasó en Colombia. Pero las réplicas emocionales pueden estar pasando ahora mismo en vos. No las ignores. Traelas a la luz. Y si necesitás ayuda para procesarlas, ya sabés dónde estoy.

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