La ONU acaba de advertirlo: El Niño se intensifica en agosto y viene con todo. Tormentas intensas, inundaciones, ríos que se desbordan. Los titulares son catastróficos y las imágenes que circulan te revuelven el estómago. Pero hay un fenómeno que los meteorólogos no miden y que ya está haciendo estragos: la eco-ansiedad.
Hace más de 15 años que acompaño procesos terapéuticos y te lo digo con certeza: el miedo al descontrol climático es uno de los malestares más profundos y silenciados de esta época. No se habla. No se nombra. Pero cada vez que llueve fuerte, cada alerta naranja, cada noticia de desastre, algo se activa en vos. Y no sabés bien qué hacer con eso.
Vamos a mirarlo juntos, desde el lado B.
El término eco-ansiedad no es una moda de wellness. Es la respuesta psicológica —y espiritual— a la percepción de que el mundo natural se está desmoronando. Y no es irracional. Los datos están. La OMM dice que este Niño va a ser uno de los más potentes en décadas. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba y todo el Litoral están en alerta. La angustia tiene fundamento.
Pero una cosa es la amenaza objetiva y otra muy distinta es lo que hacés con ese miedo. La mayoría de las personas vive la eco-ansiedad de dos formas: o la niegan —«no es para tanto»— o se hunden en la parálisis —«todo está perdido»—. Ninguna de las dos te cuida.
Desde la psicología transpersonal, los fenómenos externos son espejos de procesos internos. ¿Qué te pasa por dentro cuando afuera se desborda todo?
Estas emociones no son nuevas. Son ancestrales. Vienen de generaciones que sobrevivieron sequías, inundaciones y hambrunas. Lo que estás sintiendo ahora es la resonancia de un miedo que no empezó con vos. Y que probablemente no termine con vos. Pero sí podés aprender a sostenerlo distinto.
El verdadero desastre no es la tormenta. Es la desconexión con tu refugio interior.
La trampa más grande de la eco-ansiedad es creer que vos y la naturaleza son cosas separadas. No lo son. Sos agua, sos aire, sos tierra en movimiento. El Niño no te pasa «por afuera». Te resuena por dentro porque sos parte de lo mismo.
Cuando recuperás esa conexión, el miedo cambia de forma. Ya no es «el mundo se descontrola y yo soy una víctima». Pasa a ser «el mundo se mueve, y yo soy parte de ese movimiento, y puedo elegir cómo habitarlo».
Agosto viene movido, con tormentas, con lluvias intensas, con alertas. No podés elegir el clima. Pero sí podés elegir dónde pararte cuando todo tiembla.
Si la eco-ansiedad te está haciendo ruido y querés trabajarla en un espacio seguro, reservá tu sesión acá. Hay un centro de calma dentro tuyo. A veces solo necesitás ayuda para encontrarlo.