Hoy Argentina despertó eufórica. La Selección cerró la fase de grupos del Mundial 2026 con puntaje perfecto tras vencer 3 a 1 a Jordania. Messi metió otro gol —y van siete partidos consecutivos del Mundial marcando, un récord absoluto—. Las calles, los grupos de WhatsApp, las redes: todo es fiesta. La épica nacional está al palo.
Y está bien. Celebrar es hermoso. Pero quiero hablarte del lado B de esta euforia colectiva. Ese que nadie está mirando mientras los papelitos vuelan por el Obelisco.
Hay un mecanismo psicológico sutil que se activa cada cuatro años con el Mundial, y mucho más cuando Argentina viene de ser campeona vigente. Es lo que en terapia transpersonal llamamos épica prestada: la sensación de logro, de gloria, de por fin algo sale bien que no nace de tu propia vida sino de una proyección colectiva.
Pensalo un segundo. ¿Cuántas personas que hoy gritan los goles de Messi arrastran una depresión no diagnosticada? ¿Cuántas están en parejas que no funcionan, en trabajos que odian, con proyectos que nunca arrancaron? La pregunta incómoda es esta: ¿estás vibrando con el triunfo de la Selección o estás anestesiando el fracaso de tu propia narrativa interior?
Messi es, sin dudas, uno de los deportistas más extraordinarios de la historia. Y además transmite valores genuinos: humildad, perseverancia, amor por lo que hace. Pero cuando una sociedad entera deposita su sentido de valía en un ídolo —por más luminoso que sea— algo del orden del alma se desordena.
La identidad colectiva argentina está tan frágil, tan golpeada por años de crisis, inflación y desencanto, que la Selección se volvió el único relato nacional que todavía cierra. Es el único espacio donde decimos «somos los mejores» y el mundo nos lo devuelve. Pero la terapia transpersonal te invita a preguntarte: ¿y si ese «somos» no incluye tu vida real? ¿Y si cuando se apaga la tele volvés al mismo dolor de siempre?
Hay un experimento mental que suelo proponer en el consultorio. Imaginate que el Mundial ya terminó —ojalá con la Copa en casa otra vez—. Pasó un mes. Estás un martes cualquiera a las tres de la tarde. ¿Qué queda de esa euforia? ¿Se tradujo en algo concreto en tu vida? ¿O fue solo un subidón de dopamina colectiva que ya se esfumó?
La espiritualidad transpersonal no demoniza la alegría. Al contrario: la celebra. Pero distingue entre la alegría genuina —esa que nace de tu centro y se expande— y la alegría sustituta —esa que tomás prestada del afuera para no encontrarte con tu vacío—.
La épica prestada es como el azúcar refinado: te da un pico de energía hermoso, pero cuando baja te deja más vacío que antes.
Messi batió un récord histórico: siete partidos consecutivos marcando en Mundiales. Es una hazaña que probablemente no veamos repetirse en décadas. Pero quiero dejarte una pregunta para que te lleves a la almohada esta noche:
¿Cuál es el récord que estás batiendo en tu propia vida? ¿Qué marca personal estás superando? ¿Qué gol estás por meter en tu historia íntima?
Porque Messi ya hizo lo suyo. Ya nos regaló la magia. Ahora la terapia empieza cuando te das cuenta de que el único ídolo que puede salvarte sos vos mismo.
Si sentís que hace rato que vivís a través de los logros ajenos —sean deportivos, laborales o amorosos—, la terapia transpersonal te ofrece un camino para reconectar con tu propio centro de poder. Porque la Copa más importante no se levanta en un estadio: se levanta adentro tuyo.
Nos vemos en el consultorio.
Si algo de lo que leíste te hizo ruido, no lo dejes pasar. Escribime por WhatsApp y hablamos sin compromiso.
📱 Escribime por WhatsApp al +54 9 11 4198-1327
O si preferís, podés agendar tu sesión directamente desde el consultorio.