Miedo a estar sola: cómo aprender a estar con vos misma

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

Hay mujeres que sostienen un equipo, una casa, una familia entera, y aun así sienten pánico de quedarse una noche solas. El miedo a estar sola no habla de debilidad: habla de una herida que aprendió, muy temprano, que la soledad era peligrosa.

Y no, no es lo mismo que querer estar acompañada. Querer compañía es humano. El miedo a estar sola es otra cosa: es la sensación de que si no hay alguien cerca, te desarmás. Es la diferencia entre elegir y necesitar.

Qué es el miedo a estar sola

El miedo a estar sola es ese fondo que aparece cuando se hace silencio, cuando nadie te escribe, cuando una relación termina o cuando simplemente te quedás sin plan. No es que no te guste la soledad: es que te da miedo lo que aparece cuando te quedás sin ruido. Porque si callás, sentís. Y si sentís, aparece todo lo que venías postergando.

Miedo a la soledad o miedo a vos misma

Casi nunca es miedo al vacío de la casa. Es miedo a lo que sentís cuando no hay nada que te distraiga: la tristeza vieja, la rabia que no pudiste expresar, la sensación de no ser suficiente. La soledad no te asusta: te asusta lo que te dice de vos.

De dónde viene

En general, viene de lejos. De una infancia donde estar sola significaba estar desprotegida. De mensajes que te enseñaron que tu valor dependía de que alguien te eligiera. De haber aprendido a sostener a los demás antes de aprender a sostenerte a vos.

Si de chica aprendiste que el amor había que ganárselo, de grande cualquier silencio se parece al abandono.

Las señales de que el miedo te está manejando

Lo que no funciona

Llenar el vacío con gente, con scroll, con citas, con trabajo. Todo eso calma un rato, pero no sana. Cuando la compañía se va, el miedo vuelve más fuerte, porque nunca lo miramos a la cara. Tampoco sirve decirte "tenés que quererte más" como si fuera una orden. Nadie se sana por obligación.

La trampa de "estar acompañada pero sola"

Hay mujeres que se casan o se llenan de vínculos y siguen sintiéndose solas. Porque el problema nunca fue la ausencia de gente: fue la ausencia de sí mismas. Podés estar rodeada y sentirte vacía. Ese es el punto exacto donde hay que trabajar.

Cómo empezar a estar con vos

1. Empezá por ratitos, no por días

No necesitás irte sola a un retiro. Empezá con diez minutos al día de estar con vos, sin pantallas, sin hacer nada útil. Sentate, respirá, mirá qué aparece.

2. Distinguí soledad de abandono

Estar sola es un hecho. Sentirte abandonada es una interpretación que aprendiste. Separar una cosa de la otra es el primer alivio real.

3. Saná la relación con la niña que fuiste

La parte tuya que tiene miedo es, muchas veces, una nena que quedó esperando que alguien volviera. Podes hablarle, sostenerla, decirle que ya no está sola.

4. Construí tu propia compañía

Rituales, gustos propios, planear cosas para vos. No para llenar el hueco, sino para habitarlo. La compañía más estable de tu vida es la tuya, y no es resignación: es libertad.

El día que la soledad deja de dar miedo

No pasa de un día para el otro, pero pasa. Llega un momento en que estar sola no es una condena, sino un lugar donde por fin podés escucharte. Y desde ahí, cuando elegís a alguien, lo elegís de verdad: no por miedo a quedarte sola, sino porque querés estar.

Artículos relacionados

Si sentís que el miedo a la soledad te maneja la vida, en el consultorio podemos trabajarlo juntas, con calma y sin juicio.

← Volver a Mi Revista

✆