Messi rompió todos los récords del Mundial y vos sentiste que no estás haciendo nada con tu vida: hablemos de eso

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 10/10/2026

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Messi rompió todos los récords del Mundial y vos sentiste que no estás haciendo nada con tu vida: hablemos de eso

Dieciocho goles en Copas del Mundo. Seis mundiales jugados —el único en la historia. Veintiocho partidos. Dos mil cuatrocientos ochenta y nueve minutos. Más victorias que nadie. Y mañana, contra Jordania, probablemente sume otro. Mientras Messi sigue escribiendo la historia con la pierna izquierda, hay algo que pasa en el living de tu casa y que merece tanta atención como el partido: esa sensación rara de que tu vida, al lado de la de Messi, es una sucesión de días sin gloria.

Trabajo hace más de 20 años acompañando personas desde la terapia transpersonal, y en épocas de Mundial esto se repite como un mantra silencioso en el diván: «mirá lo que logró él, mirá lo poco que hice yo». No importa si tenés veinte, cuarenta o sesenta años. La vara que nos ponemos cuando vemos a alguien brillar puede ser devastadora. Pero acá viene el lado B: lo que sentís cuando ves a Messi no es admiración pura. Es la sombra de tu propia exigencia proyectada afuera.

El problema no es Messi. Es el altar donde lo ponemos

No me malinterpretes. Messi es un genio. Sus logros son reales y merecen todo el reconocimiento del mundo. Pero una cosa es celebrar a alguien y otra muy distinta es usarlo inconscientemente como vara para medir tu propio fracaso. Y eso que sentís —esa punzada de insuficiencia— no habla de Messi. Habla de vos.

Desde la psicología transpersonal, trabajamos con la noción de que todos tenemos un yo idealizado —esa versión nuestra que «debería» ser exitosa, reconocida, imparable— y un yo real —el que se levanta cansado un viernes y se pregunta si está haciendo lo correcto con su vida—. Cuanto más grande es la distancia entre esos dos, más sufrís. Y cuando proyectás ese yo idealizado en una figura pública como Messi, la distancia se vuelve insalvable. Porque, spoiler: vos no sos Messi. Y Messi no es vos. Y está perfecto que así sea.

El éxito extremo y su pregunta incómoda

Pero hay otra capa. Una que casi nadie se anima a mirar. ¿Qué pasa con la identidad cuando ya lo ganaste todo?

Messi ya tiene el Mundial. Ya tiene los récords. Ya tiene el reconocimiento global. Ya es, sin discusión, el mejor de la historia. ¿Y ahora qué? ¿Qué motor interno te mueve cuando ya no hay nada que demostrar? ¿Qué responde el alma cuando el deseo que te empujó durante veinte años finalmente se cumplió?

El vacío que queda después del éxito extremo es uno de los territorios menos explorados —y más fértiles— del trabajo transpersonal.

No estoy diciendo que Messi esté en crisis, ojo. Lo que digo es que su figura nos sirve como espejo para preguntarnos algo mucho más íntimo: ¿estás construyendo tu identidad alrededor de lo que lográs, o alrededor de lo que sos? Porque si la respuesta es la primera, tarde o temprano el éxito —o su ausencia— te va a pasar factura.

El éxito que nadie aplaude

Hay una forma de éxito de la que no se habla en los noticieros ni en las redes sociales. No tiene estadio ni copa ni hashtag. Es el éxito de sostener. De estar presente para tus hijos aunque estés roto por dentro. De pedir ayuda cuando ya no das más. De levantarte cada día a hacer lo que podés, con lo que tenés, desde donde estás.

Ese éxito no entra en un ranking. No tiene récord que romper. Pero es el que realmente construye una vida con sentido.

La próxima vez que veas a Messi haciendo magia en la cancha, disfrutalo. Es genuinamente hermoso. Pero acordate de algo: vos no estás compitiendo con él. No estás compitiendo con nadie. La única persona con la que vale la pena compararte es con la versión tuya de ayer. Y si hoy hiciste algo —lo que sea— para estar un poquito más cerca de quien querés ser, ya ganaste.

Lo que podés hacer con esto

Si esto te tocó algo que no sabías que estaba ahí, te invito a explorarlo. A veces lo que necesitamos no es un gol, sino una conversación honesta con nosotros mismos. Y para eso estoy.

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Por Sandra Marcela Almazán — Terapeuta Transpersonal. Quince más de 20 años ayudando a personas a soltar las varas imposibles y construir una vida con sentido propio.

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