Los arcanos en la mesa del domingo

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026

Desmitificando el tarotNotas y Artículos

Había una vez una familia que se juntaba los domingos.

Y como en todas las familias, en esa mesa había un poco de todo: el que manda, la que organiza, el que no vino pero opinó por WhatsApp, la que sabe todo y el que se va a fumar al balcón para no lavar los platos.

Lo que ellos no sabían —y esto es lo que quiero contarte hoy— es que en esa mesa no había parientes: estaba sentado el Tarot entero.

Los arcanos, uno por uno

El EMPERADOR es el primero en llegar y prende el fuego. Hay que reconocerle algo: el asado le sale bien. El problema es que después opina del fuego de los demás, te explica cómo se agarra la pinza y monitorea el punto de la carne como si fuera la NASA. Ahí arranca oficialmente el domingo.

La EMPERATRIZ es la que trae la torta. Si ella no viene, no hay domingo. Nadie lo dice en voz alta, pero todos lo saben: la paz social y el «flujo energético» de la casa dependen exclusivamente de que ella cruce la puerta con esa pasta frola.

La SACERDOTISA es la tía vieja, la soltera del clan. La del tecito de hierbas que «te va a hacer bien». Se sienta en la punta, mira a todos con una sonrisa indescifrable y escucha. Guarda secretos desde 1984 y no le podés sacar una confesión ni con pinzas. Sabe de quién es el bebé, quién vendió el terreno y por qué el tío no habla con el primo. No opina. Si llega a opinar, se cae el almuerzo.

El MAGO es el sobrino que arregla el router. Le pediste que te conecte el Wi-Fi y aprovecha para darte una charla magistral de veinte minutos sobre geopolítica, inteligencia artificial y el sentido de la vida. Te marea, te engatusa… pero hay que admitirlo: el Wi-Fi funciona.

El ERMITAÑO se va a fumar al balcón en cuanto la conversación sube medio tono de volumen. Vuelve mágicamente justo cuando la mesa ya está despejada y se sirve el café. Nadie lo reta porque, seamos sinceros, todos fantaseamos con ser él al menos diez minutos.

LA TORRE es el que trae el postre… y lo deja caer en la puerta. Se estrella la torta, se rompe la fuente de vidrio, se evapora la dignidad. Silencio de tres segundos. Todos aplauden de manera pasivo-agresiva, nadie junta los pedazos. Es el momento más honesto de la tarde.

LA LUNA es la que suspira y suelta: «Yo presentía que algo así iba a pasar». Y sí, algo pasó. Siempre pasa algo. Nadie sabe cómo lo adivina, pero tiene una antena paranoica calibrada a la perfección.

LA JUSTICIA es la abuela. Es la encargada de cortar la tira de asado y repartir las porciones de torta. «Uno chico para vos, uno grande para él». Controla el equilibrio de la mesa. Si sobra, se guarda en un Tupperware que jamás va a volver; si falta, le saca un pedazo al plato del marido sin mirarlo.

EL SOL es el bebé. No entiende nada, es el único que está genuinamente contento y toda la mesa lo mira durante cuarenta minutos seguidos como si fuera el noticiero central. Si sonríe, hay fiesta nacional; si llora, se decreta estado de sitio.

EL LOCO es el primo que cae sin avisar a las tres de la tarde, despeinado y con una novedad insólita. Nadie sabe de dónde viene, a qué se dedica ni a dónde va cuando se junta la mesa. Pero cuando aparece, el domingo al fin tiene un chisme decente.

EL DIABLO es el que te mira con una sonrisa cómplice y te dice: «¿Te sirvo otro pedazo de vacío? Mirá lo que es esta grasita…». Y vos decís que sí. Y sabés que te va a caer pesado. Y lo aceptás igual porque el libre albedrío es una ilusión.

Y EL XIII (la Muerte, la transformación) es el tío que saca el tema del testamento o de la sucesión del terreno en la costa justo cuando están sirviendo el flan con dulce de leche. Nadie quiere hablar de eso, el ambiente se congela, salen a la luz rencores de la era del hielo… pero la verdad se dice. Después se vuelve a comer flan como si nada hubiera pasado, pero algo adentro ya se acomodó.

Y acá quería llegar.

El domingo como territorio

Porque el domingo no es un simple día de la semana: el domingo es un territorio de supervivencia.

Y en ese territorio, cada uno juega el papel que le tocó: el que manda, la que sostiene todo en silencio, el que se fuga, la que sabe las miserias de todos y la que reparte el pollo para que nadie termine a las piñas.

Reíte, sí. Pero esta tarde, cuando mires la mesa, fijate bien quién es quién.

Integrarlos, no corregirlos

Porque a esta altura de la vida, el trabajo ya no es intentar corregirlos. El verdadero trabajo es INTEGRARLOS.

Integrarlos es entender quién manda de verdad, quién sostiene la casa sin que se note, quién se fue de la familia hace diez años aunque siga sentado en la misma silla comiendo ensalada, y quién está custodiando las porciones para que la civilización no colapse.

Los arcanos no están guardados en un mazo de cartas: están sentados en tu comedor. Y hace años que ocupan el mismo lugar.

Buen domingo.

Marcela Almazán — Terapeuta transpersonal Lectura simbólica de autoconocimiento. No constituye terapia, diagnóstico ni tratamiento.

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