Lo que te vendieron por amor
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026
Nos vendieron esta carta como «Los Enamorados». Y no era eso.
Porque esa carta, en las barajas viejas, no se llama así.
En las barajas de la calle, de los siglos dieciséis y diecisiete, la carta dice «L’AMOUREUX»: el enamorado. En singular. Y en algunas, directamente, dice «El Amor».
Y hay una diferencia enorme entre decir el Amor, el enamorado y los enamorados. La primera es una fuerza. La segunda es uno. Y la tercera —la que quedó— es una pareja.
¿Quién la cambió? La cambió la línea inglesa, en 1909. Y lo que hizo no fue solo cambiarle el nombre: le sacó gente.
Tres figuras, no una pareja
Miren la carta vieja: hay TRES figuras. Un joven en el medio, con las manos entrelazadas sobre el pecho. Una joven a un lado, con corona de flores. Y otra al otro, con la capa al viento. Y arriba, un Cupido con el arco tensado, apuntándole al del medio — y el sol detrás.
Y miren la del Rider: hay DOS figuras. Adán y Eva. Y un ángel. De tres, a dos.
(En la imagen de arriba: a la izquierda, la carta en la baraja vieja (Tarot de Marsella, 1760); a la derecha, la misma carta en la del Rider-Waite, 1909.)
Y la razón está escrita, y la dice quien estudia estas barajas: las bajaron a dos «para que cuadrara con Géminis» (los gemelos). El sistema necesitaba dos; la imagen tenía tres. Ganó el sistema.
👉 Y eso es lo que le sacaron a la carta: el clan.
Porque tres figuras no son una pareja: son un sistema. Está el que está en el medio —entre dos—; está la que lo trajo al mundo; y está la otra: la que quedó afuera, la que no fue elegida. Y arriba, el que decide, con un arco. (En las versiones más viejas, esa tercera figura tiene nombre: Lilith, la que se fue.)
Y por eso, para mí, esta carta no es la carta del amor romántico. Es la carta de la familia. (Es la primera carta del mazo donde aparece más de una figura: la primera que es un «nosotros».)
No fue un descuido
Y acá quiero ser clara, porque esto no fue un descuido.
La Golden Dawn —la orden donde nació esa baraja— no cambió esa carta por error. La cambió con una intención: intervenir en toda la humanidad a través de algo tan simple como una carta de tarot.
Y lo lograron. Hoy, en el mundo entero, casi todo el mundo lee el tarot con esa baraja — y le dice «Los Enamorados» a una carta que decía «El Amor», y ve una pareja donde había un clan.
Es un mecanismo viejísimo, y funciona así: alguien mira su propia casa, se convence de que ahí está la ley del mundo, y el mundo entero se queda con el diagnóstico.
Y no es solo del tarot: es lo que pasó con el complejo de Edipo. Uno tenía su propia historia, la elevó a ley universal, y nos contagió a todos con su complejo. Desde entonces, generaciones enteras se miraron la familia buscando un drama que era el drama de otro.
Ojo con el que te saca el clan
Y acá viene el aviso, y lo digo fuerte: ojo con el que te saca el clan.
Porque eso es lo que hace una secta, y lo hace en tres pasos: Primero te muestra que tu familia es tu cárcel. Después te ofrece la otra familia —la orden, el grupo, el maestro—: «nosotros sí te entendemos». Y al final tu familia de sangre queda afuera. Con nombre y todo: en las órdenes iniciáticas se toma un nombre nuevo, y el anterior —el del clan— se deja atrás.
👉 La carta vieja tenía un clan. Y alguien se lo borró. Ese es el gesto de una secta.
Y no: tu familia no es tu enemiga. Tu mandato es tu enemigo. No hay que salir del clan: hay que salir del mandato. (Y eso es exactamente lo que hacemos cuando trabajamos con constelaciones: no echamos a la familia — le damos a cada uno su lugar.)
La secta dice: «dejá tu clan; nosotros somos tu familia.»
Las constelaciones dicen: «mirá tu clan; dale a cada uno su lugar.»
Una te saca el clan. La otra te lo ordena.
Y ojo: este mecanismo no es solo de las sectas.
Es el mismo que usa cualquiera que necesite que pelees: primero te muestran que los tuyos están equivocados, después te dan una tribu nueva. Y ahí ya no podés volver a tu casa sin pelear.
No te digo dónde más se usa: lo ves todos los días, en todos lados.
👉 Y reconocerlo es la única defensa. Porque el que te separa de los tuyos, después te maneja.
Lo que un lector dice, queda
Y hay una última cosa, que es la más seria de este oficio.
Lo que un lector dice, queda.
Leer el tarot es una operación sobre el inconsciente del otro. Si le decís «esta carta significa traición», esa persona va a mirar a su gente buscando traiciones: le diste la lente, y desde ahí mira el mundo. El tarot no adivina: nombra. Y lo que se nombra, entra.
Por eso, cuando leo una carta, no doy sentencias: doy miradas. Una sentencia se cumple sola. Una mirada se puede usar toda la vida.
El estudio completo de esta carta —los mitos que la cruzan, la filosofía del amor y cada símbolo, uno por uno— va a estar en mi libro.
Marcela Almazán — Terapeuta transpersonal Cuarenta años estudiando el tarot y atendiendo gente con el tarot. Veinte años incorporándolo a mis consultas de constelaciones y de terapia transpersonal.
Lectura simbólica de autoconocimiento. No constituye terapia, diagnóstico ni tratamiento.